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El Movimiento Cubano de Periodismo Libre
2002-7-29
Por Julio San Francisco.
Cofundador-Subdirector de Habana-Press (desterrado)

 
Julio San Francisco
El genio de Vladimir Ilich Lenin se reveló ilimitadamente cuando supuso que en una sociedad todos podían pensar igual y descubrió la unanimidad. Después vendría lo más fácil: inventar el partido único y aplicar la dictadura del proletariado –en realidad de la Nueva Clase-, pero, como en la caja fuerte del pensamiento uniforme no quieren estar metidas todas las personas, el poder tendría que hacer algo: primero, decreta que son la misma cosa (inasible, abstracta, sacramentada) isla, país, nación, gobierno, estado, partido, revolución, socialismo, máximo líder o gran conductor o gran hermano... Segundo: divide las personas en los leales –éstos no afrontan problemas, el término explica per se su situación dentro del status quo- y los desleales. La parte de los desleales que se expresa de forma diferente u opuesta a la oficial es desacreditada, preterida, anulada con una cruz, como un número, y podría ir a parar al pelotón de fusilamiento, a la cárcel o, en el mejor de los casos, a un manicomio o al destierro, a la retractación, convertidos todos en gusanos, apátridas, contrarrevolucionarios, en enemigos del pueblo, traidores a la patria, en agentes del enemigo. En Cuba, por mi conservadora cuenta, hay como siete millones de agentes de la CIA, tres millones de oportunistas y uno de fanáticos hasta completar la cifra de los once que residen en tierra cubana.

De los siete millones de enemigos –los fusilados, los encarcelados, los desterrados, los que luchan- o de esta conversión se encarga la propaganda oficial dirigida al exterior y al interior mediante los medios de difusión –todos propiedad del Estado. Cuando se detecta una oveja negra –verde digo yo- se le echa encima al gigante represivo cuya cabeza principal es la Seguridad del Estado o Policía Política o Policía Secreta y, ya en sus manos, queda el indefenso animal –el “gusano”- a expensas de tribunales con profundos impulsos pasionales y poderosas inclinaciones morbosas y cromáticas hacia el rojo carné del Partido Comunista que dicta la sentencia en el juicio final, o sea, responden al Partido Comunista como la Seguridad del Estado, la Policía Nacional Revolucionaria, la Asociación de Trabajadores Agrícolas, la Federación de Mujeres Cubanas, el Ministerio de Educación o Adoctrinamiento, las entusiastas, las siempre entusiastas y alegres federaciones de pioneros, de estudiantes secundarios, preuniversitarios y universitarios, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y, en fin, todo cuanto legalmente se reúne, habla y vota en Cuba.

Los susodichos tribunales disponen de un amplio arco iris –perdóneseme la metáfora inoportunamente colorida- de instrumentos jurídicos enriquecidos con leyes como la 80, de reafirmación de la ‘dignidad y soberanía cubanas’, que es utilizada contra los opositores pacíficos –contra mí, por ejemplo, por escribir esta página- para eliminar nuestra voz denunciante con el pretexto de que propiciamos, estimulamos, alabamos, apoyamos y aprobamos la aplicación en nuestra patria de la Ley de la transición democrática o Ley Hells-Burton. En otras palabras, la “trasnacional Habana-Press”, por ejemplo, le hace el juego en tiempo de guerra –en la Cuba comunista siempre es tiempo de guerra- a una ley del enemigo invasor –en la Cuba comunista siempre el enemigo está invadiendo. Por cierto, un sector de esta oposición no está de acuerdo con el traído y llevado embargo.

En Cuba, pues, el que disiente es opositor y el opositor es enemigo y el enemigo está al servicio del imperialismo y el que está al servicio del imperialismo –aunque sea socialdemócrata como Vladimiro Roca- es agente del enemigo y, como tal es tratado o, mejor, maltratado. Por eso nosotros, los profesionales de la información libre aunque quisiéramos no podríamos ser apolíticos, pues decidimos salir del cajón oficial y nos metieron –o pretenden meternos- en el latón de la basura. Confío en que ya la opinión pública –sobre todo la de la bien plantada Europa- no siga creyendo ese cuento de horror  en el cual se nos presenta como caínes atragantándonos con la apetecida patria que para mí, como para el apóstol y poeta José Martí, máximo líder de la revolución y la independencia de Cuba, pertenece a todos y debe ser con todos y para el bien de todos, con todos los cubanos, tanto los de adentro como los de afuera.

Este status quo  existe en mi patria –déjeseme repetirlo, mi patria, no la de ellos, los usurpadores del diablo- porque en el principio de la década de los 60 Castro copió, en original y dos copias el sistema de la Unión Soviética, pero el pueblo sovietizado de acullá arremetió contra su propia obra cuando se convenció de que estaba mal diseñada, mal construida, con pésimos materiales, que era un monstruoso engendro de la Historia y que por su autopista tan loada jamás se llegaría al siempre esperado y cercano futuro luminoso. Habría que comenzar otra en la cual se tuviera en cuenta la naturaleza humana –ésta no acepta la uniformidad de pensamiento ni el igualitarismo de existencia, o sea, los intereses monolíticos, la organización monolítica, la acción monolítica, el espejismo maquiavélico de la clonación ideológica. Habría que dejar aflorar otra en la cual se tuviera en cuenta el sentido de la vida tan variado, enriquecedor y fortalecedor de la existencia individual y colectiva.

En Cuba, a pesar de la rotunda refutación histórica de la propia madre que lo parió, se mantiene el sistema aparentemente modificado y ampliamente maquillado. Un híbrido de caos –el caos lo pone el socialismo o comunismo- y capitalismo que alguien se ha dado en llamar neocomunismo en el que ni todos los ciudadanos tienen las mismas oportunidades ni existen los derechos civiles y políticos refrendados en la Carta Universal de los Derechos del Hombre, cuya publicación en los medios oficiales está prohibida en Cuba desde hace 43 años y cuya sola lectura es delito tipificado y condenado como difusión de propaganda enemiga. Hay libertad para los que están de acuerdo y mientras estén de acuerdo. Cuando dejan de estar de acuerdo, se les acabaron todas las libertades, pero ocurre que esto no es la libertad. La libertad existe sólo cuando existe para los que no están de acuerdo, la libertad es un asunto de los que no están de acuerdo, de los que están en contra, de los que no tienen compromiso ideológico con el poder dominante, de los que no le deben lealtad política.

Yo percibo el neocomunismo como un neoliberalismo sin propiedad del individuo de abajo y sin elegir al individuo de arriba. Creo que una parte del neocomunismo es endémica, la otra vino de China y la otra no se sabe, pero es algo muy difuso, sin deslindes, confuso, rarísimo. El comunismo cubano se había quedado ya sin soporte ideológico, pero también se había quedado sin padrastro interesado, es decir, sin el Partido Padre de la Unión de República Socialistas Soviéticas que lo mantenía artificialmente con un buen fajo de rublos anuales. En otras palabras, se quedaba, también, sin economía ajena entregada la propia al imperialismo soviético, que era con la que subsistía, y aparece el eufemismo de Período Especial para Tiempo de Paz –especialmente pésimo y patético- y la archifamosa Opción Cero –sobrevivir sin nada a lo Polt Pol, no sé si se escribe así el nombre de esta bestia- en medio del desconcierto de los ojos del mundo, pero ya había ocurrido en 1980 el Éxodo del Mariel a Miami de 150 mil personas, en balsas la gran mayoría, la aparición de Radio Martí en 1985, la caída de la jungla –no del campo- comunista en 1989 y el estallido habanero de 50 mil personas rompiendo cristales shoping en las calles y el hundimiento del remolcador “13 de Marzo” con varias decenas de pasajeros que aún están en el fondo del azulado y ensangrentado mar cubano.

Este esperanzador/dramático rosario había dejado a Fidel Castro y su sistema sin argumentaciones ideológicas y sin obsesión de apariencias.

Como dice el brillante joven filósofo cubano exiliado Emilio Ichikawa en su magnífico libro La heroicidad revolucionaria, aludiendo a David Hume, “a la propaganda no le importa tanto la ‘verdad’ como el efecto de ‘veracidad’. ‘La apariencia es esencia de la existencia’. Pero es que hasta este mecanismo, magistralmente aplicado por el castrismo, dejó de interesar, al menos para el consumo interno cubano donde no existe ni importa la opinión pública, desde los mítines de repudio (ofensas verbales y golpizas físicas a quienes expresaban su deseo de emigrar) de 1980.
El periodista cubano oficial que fuera mínimamente honesto tenía que hacer algo ante esta realidad tan convincente y devastadora.

FIRMAS LIBRES
En este contexto empiezan los rompimientos masivos de periodistas cubanos con el sistema –siempre habían venido existiendo, pero de forma aislada con lo cual se podía hacer muy poco o nada- y nace el conocido Movimiento Cubano de Periodismo Independiente o Alternativo –yo lo llamaré siempre a partir de aquí Libre, nunca contestatario tampoco porque no contestamos ni rechazamos simplemente, sino combatimos, razón por la cual titulé una monografía que escribí estando todavía en Cuba -al tiempo que daba la noticia sobre el surgimiento de Concilio Cubano, o la de la única reunión clandestina de su Consejo Nacional Coordinador, o la del juicio del talentoso abogado, del exquisito poeta y del fiel amigo Leonel Morejón Almagro, creador de esta unidad sin precedentes,  o la de las octavillas lanzadas sobre La Habana por Hermanos Al Rescate,- Apuntes para el estudio del Movimiento Cubano de Periodismo Libre, inédito aún y debidamente registrado en el Registro de Propiedad Intelectual desde hace varios años.

El Movimiento Cubano de Periodismo Libre nace, pues, como continuidad de la lucha anticastrista que comenzó no la misma noche del primero de enero del fatídico 59, sino mucho antes de que el politiCastro llegara al poder. Nace como parte de la lucha cubana por el respeto a los Derechos Humanos, sobre la patria abonada por el polvo del suplicio, por el guerrear de quienes, en estos cuarenta y pico de años de calvario comunista han elegido, conscientes del riesgo de la elección, la crucifixión antes que la genuflexión.

Este periodismo libre que ejercemos en la Cuba alibre no existió en ningún país comunista, no tiene precedentes en la historia nacional ni mundial del periodismo. No es que en aquellos países no haya habido periodista disidente y opositor, la realidad es que los hubo y hasta fueron expulsados de sus medios de prensa y cruelmente, como siempre en el comunismo, sancionados y metidos en gulags muchos de ellos. Es que solamente en Cuba se dio la otra condición necesaria y suficiente para que pudiera existir un quehacer cívico intelectual de esta peculiaridad: tener durante cuarenta años en Miami un cercano, cercano en millas y en propósitos, exilio cuya población, según estimados confiables y conservadores, hoy alcanza un millón y medio de personas y es considerado, tanto por los cubanos de adentro como por los de afuera, otra provincia de la patria al punto que le decimos la séptima provincia cubana.

CONDICIONES QUE POSIBILITAN EL SURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO
El existir de este exilio, que califico como largo, sufrido, combativo, emprendedor y exitoso, y su presión política posibilitó la apertura en Washington de la emblemática Radio Martí, en 1985, subvencionada por el gobierno de los Estados Unidos de América y el establecimiento de otras emisoras –algunas cubanas, cuyas ondas libres llegan a Cuba. De las llamadas familiares diarias se pasó a las llamadas de denuncia de violación de los Derechos Humanos y de movimiento de pensamiento y, de ahí, un buen día algunos de los periodistas disidentes nos dimos cuenta de que podíamos organizarnos, probar y pasar despachos noticiosos diarios periodísticamente elaborados. Estos profesionales de la información que oíamos Radio Martí, la Voz de la Fundación –órgano de la Fundación Cubano-Americana-, la Voz del CID –voz de Cuba Independiente y Democrática-, CMQ Radio, Radio Mambí, La Cubanísima, Radio Fe y otras, descubrimos que las noticias que ocultaba el gobierno cubano y puntos de vista opuestos, o simplemente diferentes, podrían oirse en Cuba en nuestras propias voces. Sólo faltaba el órgano que nos agrupara, que nos diera identidad y personalidad editorial, pero sobre todo faltaba el cómo hacer este periodismo sin precedentes, sin experiencia acumulada y, como si fuera poco lo anterior, de forma ilegal y perseguida. Ninguno sabíamos que pronto habríamos de iniciar un movimiento de incuestionable valor cívico y profesional –tendrá que insertarse algún día en las páginas del libro de los grandes movimientos por los Derechos Civiles en el mundo- en los predios de la palabra y la ética que se convertiría en motivo de insomnio y sobresalto en el cuartel general de la policía política, en la no menos emblemática y harto tenebrosa Villa Maristas. Coexistían dos símbolos opuestos para el pueblo cubano: el de la libertad, la voz de los opositores, y el de la opresión, la porra de los carceleros.


Creamos las mínimas condiciones posibles para el funcionamiento de una agencia de prensa, captamos un pequeño staff de periodistas altamente calificados, realizamos la solicitud de inscripción en el Ministerio de Injusticia cubano en lo que fue un verdadero acto de provocación y de decirles “aquí estamos, h p (habana press)” –todavía esperamos la respuesta-, redactamos una carta de estilo, designamos subdirectores y representantes en Madrid, Miami, San Juan, Milán y Londres –por razones económicas y editoriales- sólo funcionaron los de Estados Unidos y Puerto Rico- y comenzamos a emitir despachos noticiosos diarios escritos en una Underwood de la II Guerra Mundial, o de la Primera, y grabados desde un teléfono de no menos viejo museable diseño. Varias emisoras aceptaban nuestras llamadas, recibían nuestros reportes y pagaban allá el costo de la comunicación.


El Movimiento Cubano de Periodismo Libre nunca utilizó como práctica la modalidad de sacar información a través de legaciones diplomáticas acreditadas en la capital cubana. Todos sus miembros siempre dieron –y dan- la voz y la cara y el nombre cuando graban sus despachos noticiosos desde cualquier punto del territorio cubano y desde esos viejos teléfonos siempre ‘pinchados’ por la policía política. La sacada o salida de información de valor noticioso a través de sedes diplomáticas se utilizó sólo antes de que existiera nuestro Movimiento. De ahí en adelante, todo fue, como se dice en Cuba, ‘a camisa quitá’.


 No debe ignorarse que ocurrió un debate prolongado y solapado entre dos grupos, los que entendían que se trataba de una entidad que únicamente produciría artículos de fondo para el extranjero con el propósito de contribuir al conocimiento de la otra Cuba en el mundo y los que considerábamos que debíamos emitir despachos noticiosos diarios para nuestro país (vía Radio Martí) y para el exterior (vía emisoras de Miami). Este último grupo, en el que me honro de pertenecer, terminó en ganar la polémica por la práctica y dejar su concepción y su impronta en todas las agencias que surgieron posteriormente y de lo que después se convertiría en el Movimiento. Todos los días “marcábamos” –ese fue el verbo que elegimos- en Radio Martí para, como tan magníficamente lo hace el colectivo de trabajo de esa emisora, informar el acontecer que estuviera a nuestro alcance, contribuir a mover el pensamiento, a formar opinión pública –real opinión pública interna por primera vez en cuarenta años de tiranía-, darnos a conocer ante el resto de la oposición que se convertiría en nuestra fuente diaria –nos telefoneaban diariamente para ofrecernos información- y en las emisoras de Miami para que el exilio cubano, principalmente en esa ciudad y Puerto Rico, conociera lo último que ocurría en el país y que, desde luego, nos apoyara con sus medios. Puedo dar muchos detalles sobre este enfrentamiento porque fui uno de sus principales participantes, como también puedo hacerlo sobre lo que Leonel y yo pensamos y hablamos en el cuarto de su casa –mientras conservaba y me enseñaba la toga que tan dignamente portó- sobre los primeros y los últimos días de Concilio Cubano. Venceré a la tentación y lo incluiré en las memorias, así como otros capítulos tardíos y sumamente sucios, con sus sucios protagonistas, que revelaron, como siempre, la contradictoria condición humana.


 FUNDADORES, OLVIDADOS Y PREMIOS INJUSTOS
 Algún patrón historiográfico hay que tomar para establecer quienes son los fundadores del Movimiento Cubano de Periodismo Libre. En la historia en la que yo he participado y en las memorias que yo he escrito he elegido, consciente de que en toda elección hay un resquicio para la equivocación o la injusticia, uno que puede ser tan válido como el que elija otro: es fundador directo todo aquel que por su papel teórico o su quehacer reporteril, o ambos, tuvo una actividad decisiva y protagónica –no me gusta mucho esta palabra que suena a cine- en los inicios del Movimiento y, según este patrón, yo considero fundadores a Néstor Baguer, Yndamiro Restano, Hubert Jerez, Pablo Reyes, Rafael Solano, Raúl Rivero, Olance Nogueras, Roxana Valdivia, José Rivero y Ana Luisa López Baeza. De querer incluirme alguien en esta lista, no me pondría bravo.


 Ahora, a esta relación, (por cierto, tiemblo cada vez que hago una relación en la que puedo incurrir en la falta de omitir a alguien) puede sumarse un hoy indeterminado  número de nombres de personas que participaron en esta empresa. Queda, pues, abierta, de par en par, esta página...


No fuimos los primeros. Tampoco los últimos. Nos antecedieron –nombres que yo recuerde- Rolando Cartaya, Reynaldo Bragado, Adolfo Rivero Caro... Otros también reportaron antes hechos noticiosos, desde luego, pero no había Agencia, Movimiento o no se consideraban periodistas o no eran periodistas.


De acuerdo con este criterio, he elegido también una agencia que inicia el apogeo noticioso libre por las pautas que sentó profesionalmente y por la función que le correspondió cumplir en los días de las luces y las sombras de Concilio Cubano. Es –y la historia al final lo apoyará o lo refutará, riesgo al que estoy dispuesto a someterme sin el menor temor- la emblemática Habana-Press fundada el primero de mayo de 1995, por Rafael Solano y un grupo de jóvenes no periodistas entre los que destaca el nombre de Osmel Lugo, del emblemático Partido 30 de Noviembre.
 No debe ser por gusto que sea la única cuya Junta Directiva fue desterrada en pleno, después de haber sido Solano y Peraza encarcelados y yo haber ido a parar –necesité 9 meses para recuperarme de mi sistema nervioso quebrado por tanta presión superior a mis fuerzas- al Sanatorio Psiquiátrico de la Orden San Juan de Dios, en La Habana, con un agudo síndrome de Neurosis Depresiva Ansiosa de la cual me resultó sumamente difícil salir por la amenaza de cárcel o destierro que pendió sobre mi desde que me capturaron, junto al director de la agencia, en la Rotonda de Cojímar, cuando di la noticia sobre la caída en La Habana de octavillas lanzadas por Hermanos Al Rescate, a lo que se unió la grave enfermedad, la larga hospitalización y la terrible muerte de mi padre, estado del que pude salir sólo cuando me enteré que Héctor Peraza estaba en manos de la Policía Política y sentí el impulso moral de pedir el alta para ponerme al frente de la campaña por su liberación. ¡De ahí al destierro!


 Antes existía la Asociación o Agencia (al propio Dr. Néstor Baguer le oí nombrarla de las dos formas)  de Periodistas Independientes de Cuba (APIC), pero entonces distaba de funcionar como agencia y denunciaba, fundamentalmente, violaciones de Derechos Humanos. Desde que la conocí la dirigía este decano del periodismo cubano interior libre, miembro de la Real Academia Española de la Lengua.   El 19 de septiembre surge el Buró de Prensa Independiente de Cuba, fundada por Yndamiro Restano. El 23 de octubre aparece CUBAPRESS, fundada por Raúl Rivero. En 1997 ya se oían voces noticiosas libres desde todo el país con Oriente Press, Patria, Centro Norte Press, Línea Sur Press, Prensa Libre Independiente, Pinar Press. Después surgirían otras –y seguirán surgiendo- mientras exista comunismo que combatir.


El mayor defecto de la Historia –o de los historiadores porque ella pasa siempre por la testa y los textos de alguien con nombres y apellidos- es la propensión al olvido involuntario y, el mayor pecado, la omisión intencionada.  Por otra parte, el hecho de que la escriban los propios protagonistas parece tener dos inconvenientes principales: la dificultad de ser protagonista e imparcial y la dificultad de relatar hechos en los cuales se participó tan vertiginosamente que algunos se establecen en la memoria después de adoptar la forma de ficción. Hay, sin embargo, una ventaja que, por el sello cualitativo que pega, supera todas las dificultades: como, en mi caso, yo no soy historiador, puedo decir la verdad.  Otra tercera razón, pero esta ya de carácter humanitario, es que ¿de qué vivirían los historiadores si no existieran las memorias? La Historia es el paraíso de la injusticia contada. Yo no estoy escribiendo aquella historia porque carezco de la preparación metodológica para tal empresa. Estoy contando un cuento, un corto cuento contra Castro, y cuento con mi vida en forma de memorias imborrables y olvidos inevitables.


 En estos años de destierro he tenido grandes oportunidades de molestarme profusamente por la sarta de disparates que expertos prestigiosos y movimientólogos advenedizos han escrito sobre un tema que sólo por su singularidad –aparte de motivos históricos- merecería la más rigurosa investigación y la más exhaustiva constatación de fuentes y datos. Si no están dispuestos a hacerlo, que callen sus sacrosantas plumas. Espero que este texto sirva para puntualizar o, aunque sea, para polemizar.  


Habana-Press ha sido, según creo, el proyecto periodísticamente más ambicioso en ese Movimiento si se entiende como ambicioso su afán constante de reportarlo todo, incluso lo más arriesgado, a costa hasta de ser desaparecida de la faz de La Habana. Esta norma la inauguró Rafael Solano cuando reportó el hundimiento del remorcador 13 de Marzo y continúo en los días de Concilio Cubano, los de más tensión, dramatismo y represión contra la oposición interna en estos últimos 7 años. Habana-Press siempre reportó desde el corazón de los hechos aunque ese corazón estuviera en llamas. ¡Y efectivamente, nos desaparecieron!


Estoy convencido de que con Habana-Press se ha sido injusto y la injusticia empieza en este caso –no le demos vueltas al olmo o al ceibo con justificaciones “en nombre de la causa”, como las comunistas- con el otorgamiento de premios a periodistas libres. El premio de la SIP, de 1996, pertenecía, indiscutiblemente, individualmente, a Rafael Solano que estuvo 42 días en un calabozo de Villa Maristas en La Habana. El premio de Reporteros Sin Fronteras, de 1998, pertenecía, individualmente, indiscutiblemente, a Héctor Peraza, que acababa de ser puesto en libertad después de permanecer 3 meses en un calabozo de la Seguridad del Estado en Pinar del Río. Ambos, Solano y Peraza, eran directivos de Habana-Press, ambos tenían entonces el récord de periodistas libres en las garras de la policía política cubana en condiciones especialmente torturantes y sin haber sido sometidos a juicio (aunque el juicio hubiera sido la farsa de siempre).


Hay, además, una omisión notable. Los periodistas cubanos miembros del Movimiento que han sido desterrados no aparecen en los informes anuales de las organizaciones internacionales de periodistas y de prensa, ni de Derechos Humanos (incluso ni en los de las cubanas), ni en los de otras Organizaciones No Gubernamentales, aún cuando los nombres y números de esa lista crecen constantemente desde 1996 y apuntan y condenan al gobierno cubano. En mi opinión deberían aparecer en todos esos informes mientras estén desterrados porque, sencillamente, el castigo por luchar por la libertad de prensa no ha terminado y no debe ser cubierto por una omisión involuntaria. Este error puede enmendarse fácilmente. Llamo la atención para que no cometamos desde hoy, con buena o mala voluntad, atrocidades como las que comete la tiranía: escribir, rescribir, borrar, tachar, ignorar, omitir, callar, quitar o poner.


Espero que al menos nuestro amigo Ricardo Bofill tome nota de este dañino olvido y haga que se incluyen los periodistas desterrados en todos los informes del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.  Otro tanto es de esperar de Reporteros Sin Fronteras.


 

FUNDACIÓN HABANA-PRESS 

Estaba una tarde tomándome un té en casa de un amigo, hablábamos sobre lo que haríamos ahora que habíamos roto todo vínculo con el gobierno cubano, no teníamos trabajo de pan ganarse y queríamos hacer algo. De momento, lo único que nos “entretenía” era pasarnos las madrugadas en nuestras casas oyendo Radio Martí, la Voz de la Fundación y la Voz del CID. Raúl Rivero y Rafael Solano –me dijo- tienen un proyecto entre manos. Se trata de una agencia de prensa independiente, ¿por qué no vas a verlos? No lo pensé dos veces. Si el gran poeta Raúl Rivero y el excelente periodista Rafael Solano están lanzando algo, tiene que interesarme, tiene que ser bueno. La siguiente mañana me presenté en la casa de Raúl.


 Fui en aquella histórica mañana. Me presenté ante el poeta, que respeto profundamente, de la manera más ingenua y humilde posible y le expresé mi tajante necesidad de ganar dinero vendiendo, si era posible, algunas croniquillas, aunque fuera como croquetillas porque mi ruptura con el periodismo oficial me había lanzado, con mi familia, a las fauces del hambre. Le pregunté en qué consistía Habana-Press. Me dijo que en una agencia de prensa que se encargaría de vender artículos sobre la realidad  cubana al extranjero, expuso su teoría sobre cómo hacerlo y terminó con la patriótica frase “te convoco a que te incorpores a Habana-Press”. “Hecho – le dije-. Mañana te traigo el primero”. Y nos despedimos amigablemente, como siempre. 
 Por la forma en que me habló salí de allí convencido de que Raúl era el director de la agencia.   Ese mismo día, o el otro, fui a casa de Rafael Solano y, sin hablarle de la conversación con Raúl, le pregunté en qué consistía Habana-Press. Me dijo que en una agencia de prensa que se encargaría de emitir noticias diariamente sobre la realidad cubana hacia el extranjero, expuso su teoría sobre cómo hacerlo y me preguntó, casi tímidamente, ¿quieres incorporarte? Sí –le respondí.
Por la forma en que me habló salí de allí convencido de que Solano era el director de la agencia.


 No soy muy listo, como quedará claro más adelante, pero desde el primer día –y conociéndolos a ambos- me di cuenta de que habría –o había- ya dos problemas que afrontar y resolver en la incipiente Habana-Press. El forcejeo por la dirección y la concepción de trabajo.


FUNDACIÓN DEL BPIC 
 Ocurrió un hecho que marcó el instante de las definiciones. Yndamiro Restaño, después de 2 ó 3 años preso por haber fundado el Movimiento Armonía (MAR), una réplica del sindicato solidaridad de Les Walesa, en Polonia, que el gobierno cubano detectó, abordó y abortó a tiempo, cumplió dignamente su condena y quedó en libertad. Obviamente, la oposición cubana casi en pleno, y salvo lamentabilísimas excepciones, pasó por la casa  Inmediatamente nos contactó a Solano y a mí para tener un almuerzo de trabajo y hablar de su proyecto. El almuerzo se efectuó en un restaurante de San Miguel del Padrón. Estuvimos presentes Yndamiro, Solano, los padres de Yndamiro (Julio y Aurora) y, desde luego, el autor de estas líneas. Hablamos durante toda la tarde. Su idea consistía en crear un Buró Coordinador que, con los beneficios económicos que él había adquirido en concepto de premios por su lucha, facilitara el fluir de la información independiente desde Cuba hacia el exterior. Mientras tuviera dinero pagaría –para que no pasáramos más hambre diaría- 100 dólares mensuales. La dirección colegiada de ese Buró la integrarían los directores de las instituciones de prensa libre que ya existían: a saber, Néstor Baguer, por la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba; Rafael Solano, por la agencia Habana-Press; José Rivero, por la Asociación de Periodistas de La Habana (no estoy muy seguro de si éste es el nombre correcto de la entidad del Rivero narrador); Raúl Rivero, que no era director de ninguna agencia, pero Yndamiro quiso incluirlo en reconocimiento a su prestigio intelectual y, digo yo, también para que el nombre del poeta prestigiara al BPIC. En aquel almuerzo desasosegado por la posibilidad de que en cualquier minuto irrumpiera en el local una tropa de asalto de la policía política, redondeamos todo lo necesario y acordamos –Solano y yo, al menos- apoyar a Yndamiro.


El proyecto salió adelante y, según Yndamiro, habló con el resto, Baguer, Raúl y José, quienes también se comprometieron a apoyarlo y les entregó los 100 dólares de su bolsillo. Ya existía una nueva entidad periodística libre en Cuba dirigida por un hombre que tenía todo el prestigio patriótico necesario. La noticia no se hizo esperar.
 FUNDACIÓN DE CUBAPRESS 
Creo que el 23 de octubre de 1995, por la tarde, otra vez a las cinco en punto de la tarde, como en el famoso poema de Federico García Lorca, estábamos Solano y yo en la sala de su casa, a donde yo me había trasladado a vivir –después de la reciente muerte de mi madre me había quedado prácticamente sin lecho donde yacer- y para poder dedicarme por entero a la agencia dado que residía, algo lejos del centro, en Bacuranao, más que Solano- cuando entró una llamada de Raúl en la cual le informaba a Solano que había decidido fundar su propia agencia, que se llamaría CUBAPRESS y que con él se habían quedado José Rivero, Ana Luisa López Baeza, Miguel Fernández, José Antonio Sánchez (el buen Ñico)...
 Yo redacté aquella misma noche una declaración en la cual la Junta Directiva de Habana-Press felicitaba a Raúl Rivero y a su staff de periodistas y le deseaba éxitos a la nueva agencia CUBAPRES. Me acosté aquella noche tranquilo yo también. Al otro día por la mañana se trasmitió.


Solano salió a localizar a Héctor Peraza Linares  y lo designó, sin previa consulta conmigo, subdirector de la agencia. Héctor pronto demostraría su eficacia y valor, sobre todo haciendo un peculiar tipo de periodismo satírico anticastrista.
 Yo hablé con Yndamiro para encontrar la forma de disponer rápido de una buena representante de Habana-Press en Miami. Yndamiro me sugirió Iraida Montalvo, con quien me comuniqué inmediatamente para hacerle la proposición. Ella, que era también la representante del BPIC, aceptó, “con mucho gusto”, me dijo, y en los días de Concilio Cubano cumplió un rol importantísimo y se nos hizo imprescindible. Teníamos ya las piezas claves, las piezas que faltaban, para que aquel edificio derrumbado emergiera de las ruinas.


La situación se normalizó. Habana-Press siguió trasmitiendo como si pocas horas antes no hubiera estado muerta en vida. Dejaré que sean el lector, el tiempo y la Historia los que digan si la situamos o no la situamos en la cumbre del Movimiento Cubano de Periodismo Libre.


 APOYO DE AMIGOS DESDE ESTADOS UNIDOS Y PUERTO RICO
Entre quienes trasmitían –muchas veces se hacía en vivo para el noticiero del mediodía de Radio Martí o la Mesa Revuelta de Agustín Tamargo- o retransmitían o reproducían o comentaban nuestras notas habitualmente del otro lado del Estrecho de La Florida me atreveré a citar, bajo la necesidad de omitir a algunos por razones de espacio o bajo el riesgo del olvido, a Clara Domínguez, de Radio Martí; Amado Gil, de La Cubanísima, Cary Roque, de CMQ; José Luis Ramos, de Radio Mambí; Luz Alba Zapata, de Radio Fe; Pablo Alfonso, de El Nuevo Herald. La mayoría de quienes nos recibían las llamadas y hacían las grabaciones eran periodistas cubanos en el exilio. 
 Nunca recibimos de estos medios un centavo por esto. Nosotros tampoco lo pedimos. Nos bastaba con que, de esta forma nuestro mensaje libre llegara a Cuba, como si se tratara del rebote de una agencia convencional, pues estas emisoras se oyen, con mayor o menor interferencia oficial cubana, en mayor o menor parte del territorio nacional. No se trataba, pues ya, de un asunto económico, sino patriótico y pasamos más hambre de la que el lector podría imaginarse.


En cuanto a las publicaciones alternativas del exterior, hacían eco de nuestro grito Trazos (París) y Carta de Cuba y Disidente (Puerto Rico) que entraban clandestinamente a la patria y eran devoradas tanto por los miembros del Movimiento, como por los grupos de Derechos Humanos, partidos políticos y organizaciones profesionales independientes en general.

Formamos un movimiento intelectual, integrado por periodistas, al principio profesionales procedentes de los órganos de prensa oficiales que en distintos momentos disentimos. Poseemos diferentes tendencias ideológicas, pero teníamos un único propósito: ejercer al fin libremente nuestra profesión y luchar por la libertad de prensa en Cuba, de manera civilista, pacifista, objetiva, seria y decente. Nuestro Movimiento probablemente sea la única agrupación anticastrista que en más de cuarenta años ha reunido en un mismo objetivo a personas de pensar muy diverso. Esgrimimos argumentos, no imprecaciones porque entendíamos y sosteníamos, como el siempre nuevo refrán, que si queríamos acabar con el canibalismo no podíamos comernos a los caníbales. Se trataba – se seguirá tratando- de un asunto de amor, de establecer la razón como conducta, de no alimentar la cultura del odio, de acabar con la costumbre de la violencia física y verbal, estandartes comunistas. Nunca creímos que el sistema, montaje de terror, pudiera ser derribado con la limpia palabra –tan perfecto es su crimen-, pero sí sabíamos que la aparición del Movimiento Cubano Interno de Periodismo Libre, combinado con el externo, serviría para que la oposición ganara reconocimiento nacional y extranjero –tuve el honor de contribuir personalmente a ello con la difusión de las noticias fundamentales sobre Concilio Cubano en los meses que van de septiembre del 95 a febrero del 96- y la dictadura perdiera credibilidad. Era –o será- a la vez un testimonio de civismo para la Cuba del mañana, una prueba más de que hasta en el emporio del absurdo nuestra profesión pudo tener sentido y, finalmente, es la forma más espectacular, sensacional, si se quiere, -estábamos todos los segundos de todos los minutos de todas las horas de todos los días del año bajo el monitoreo y acechanza de la Seguridad del Estado- que ha salido de las entrañas del monstruo para desafiarlo y hundirle el enconoso alfiler de la verdad.    

                                                              
Aunque nunca se ha dicho, el Movimiento Cubano de Periodismo Libre tiene fundadores también en Estados Unidos y Puerto Rico. Mencionaré los cuatro cuyo rol me ha parecido, visto desde dentro, decisivo en los Estados Unidos: Iraida Montalvo, representante de Habana-Press en los históricos días de Concilio Cubano; Rosa Berre, de CUBANET; Sergio Gatria, Israel Abreu y Nancy Pérez Cresco. En Puerto Rico, Belkis Rodríguez, representante de Habana-Press en esos mismos meses allá, y Luis Alberto Ramírez.


En los tiempos más difíciles –porque todos los tiempos fueron difíciles-, principalmente cuando se trataba de que alguno de nosotros era arrestado, nos ofrecieron una ayuda y un calor incalificables que nos evitaron el sentimiento de soledad y aislamiento Teté Machado y su esposo, Ariel Hidalgo, del Buró de Información del Movimiento Cubano de Derechos Humanos, siempre de guardia –a cualquier hora del día y de la noche- en Miami; Sergio Gatria, del Centro de Información Cubano, siempre de guardia –a cualquier hora del día y de la noche - en New Yersy; Janisset Rivero-Gutiérrez, del Directorio Revolucionario Democrático Cubano; Chuny Montaner, del Grupo de Apoyo a Concilio Cubano; Ninosca Pérez Castellón, Luis Zúñiga y otros hermanos de la Fundación Para los Derechos Humanos en Cuba; y el insustituible y constantemente querido amigo Ricardo Bofill, precursor y fundador de la lucha por los Derechos Humanos en la Perla de las Antillas. Anthony de Palma, del The New York Times; Ligia Guillén y Angélica Mora, de Radio Martí; Luz Alba Zapata, de Radio Fe; y Drusila Zilari, de Telemundo; día a día también estuvieron pendientes de nuestro destino.


Especial mención merecen los congresistas cubano-americanos, los Honorables Señores Lincoln Díaz-Balart, Bob Menéndez e Iliana Ross Lettinen, quienes nunca han dejado de hacer por nosotros y por nuestra patria desde el distinguido podio al que han sabido y merecido llegar.


No tuvo que pasar mucho tiempo para que fuéramos reconocidos por el Comité Para la Protección de los Periodistas, con sede en New York; Reporteros Sin Fronteras, con sede en París; la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), instituciones, personalidades y gobiernos. La incuestionable Amnistía Internacional, con sede en Londres, recogía, día a día y gota a gota, nuestros destinos. Esto se debió, según mi criterio, a dos razones fundamentales, nuestra credibilidad y nuestra profesionalidad.

Elegir el trabajo de periodista opositor  en el país más perfectamente totalitario del mundo debe tener algún fundamento intelectual, espiritual, moral. Éticamente salimos de algún lugar. Yo me inspiré en la prédica y la práctica del Padre Varela, uno de los fundadores y fundidores de nuestra nacionalidad y creador del periódico Habanero, considerado la primera expresión del periodismo patriótico en Cuba. No soy un hombre violento, no soy un hombre de acción o, mejor, como Mahama Gandhi, creo en la acción pacífica, creo que  tiene sentido avanzar sin responder a la porra que te golpea –la porra vil, diría el poeta-, avanzar contra la porra y creo que puede pagarse muy caro y creo que vale cualquier pena pagar cualquier precio. Pienso que los periodistas libres cubanos en alguna medida nos identificamos en general con este paradigma, nos movemos por esta fuerza. De existir el Bien y el Mal, y parece elemental que existen, tenemos alternativa y, por tanto, luchar siempre ha estado cargado de sentido para mí. Jesucristo en la cruz no puede estar eternamente equivocado.
 


 

 

 

(Especialmente extractado para CUBANUESTRA por el autor)
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