Como ha escrito Berruezo León, el ascendiente ejercido por Francisco de Miranda entre los hispanoamericanos que llegaban a Europa estaba fuera de toda duda. Su fascinante personalidad, su amplia formación intelectual y su protagonismo en los contactos políticos que sostenía con el gobierno británico, con objeto de conseguir la participación inglesa a favor de la empresa emancipadora, le aseguraban un puesto de absoluta primacía entre los revolucionarios de la América española que llegaban al Viejo Mundo. Un grupo de paisanos acabó nombrándolo, durante su estancia en París, Principal Agente de la insurrección en Europa y no tardaron en poner bajo su mando la fuerza militar organizada en Inglaterra, cuya finalidad era "liberar a los americanos del yugo peninsular". Miranda fue encargado, de modo expreso, de presentar el plan al primer ministro William Pitt, a quien habría de convencer para apoyar el proyecto independentista. A principios de 1798, Miranda ya se encontraba en Londres y no tardó en propiciar los trabajos unitarios entre sus propios seguidores. En tal sentido, se planteó también la necesidad de erigir una Sociedad que con el carácter de organización secreta sirviese para galvanizar a sus hombres y que, al mismo tiempo, actuase como instrumento catalizador de las decisiones políticas y como órgano de propaganda del ideario emancipador. Estos planteamientos dieron lugar a la fundación de la denominada logia de los Caballeros Racionales o Gran Reunión Americana que, posteriormente, se extendió a la propia España, al ser fundada en Cádiz una especia de filial de la organización matriz erigida en Londres. No parece claro, empero, que esta sociedad secreta, creada en la capital británica por Miranda y sus seguidores tuviera "una raigambre masónica", tal como plantea la autora mencionada al principio, que en este aspecto parece ratificarse en una línea de divulgación que ha tenido y tiene numerosos cultivadores a ambos lados del Atlántico, pero que no ha conseguido articular un discurso creíble desde el punto de vista científico. El hecho de que existan coincidencias formales o, incluso, litúrgicas entre la masonería y este tipo de asociaciones revolucionarias no debe inducirnos, en principio, a defender criterios afines a la teoría del complot revolucionario y, en tal contexto, a situar la mano de la masonería detrás de esta suerte de organizaciones secretas que, en lo esencial, tienen un carácter eminentemente político y patriótico, y ello a pesar de que, en numerosas ocasiones, algunas de estas logias o conventículos insurgentes cuenten en su propio seno con miembros auténticos de la Orden del Gran Arquitecto, puesto que en masonería están prohibidos los debates de carácter político y, en cualquier caso, resulta conveniente distinguir entre el fondo y la forma.
Lo cierto es que Francisco de Miranda, convertido en Venerable o Gran Maestre de su logia u organización emancipadora, transmitió a sus integrantes sus objetivos y su estrategia político-ideológica, y se identificó de tal manera con su proyecto conspirador que, al aludir a su agrupación londinense, es común referirse a ella como la logia o sociedad mirandina de la capital británica. La Sociedad de Caballeros Racionales o Gran Reunión Americana estuvo ubicada, además, en el propio domicilio de Miranda, en Grafton Street, y, según los especialistas que se han ocupado del asunto con rigor, tal logia fue, sobre todo, un instrumento de integración y cohesión de los insurgentes hispanoamericanos en Londres, al tiempo que un elemento vivificador del proyecto secesionista. Se trataba, como ha sido puesto de relieve, de proporcionar a los criollos revolucionarios que llegaban al Viejo Mundo un cuerpo unificador y disciplinado, unos "presupuestos vitales para emprender con seriedad y efectividad los planes mirandinos". Dos fueron los objetivos esenciales del Precursor, en relación con su organización de Caballeros Racionales, la Independencia de la América española y la instauración de un régimen republicano. En tal sentido, es lógico que Miranda tratase de extender, del mismo modo que las logias masónicas se difundían por el mundo, ramificaciones de su organización matriz por diversos puntos de Europa y de América, aunque sólo fuera por razones estratégicas. Según parece, la primera de estas logias filiales fue erigida en Cádiz, tal como se dijo, a imagen de la que funcionaba en la capital del Reino Unido. En las relaciones entre ambas tuvieron participación, entre otros, importantes personajes de la Historia de la emancipación americana, como el propio O´Higgins, libertador de Chile y, según el biógrafo de Miranda W.S. Robertson, discípulo predilecto del Precursor. La semilla que Francisco de Miranda implantó en la fértil conciencia de algunos de sus mejores seguidores y, naturalmente, el conjunto de acontecimientos que jalonaron la vida hispanoamericana a partir de la invasión francesa de la Península Ibérica y el consiguiente vacío de poder, entre otros elementos más o menos significativos, generaron las condiciones para que, en 1810, la Gran Reunión Americana de Londres se convirtiese, de hecho, en un centro de reunión de la recién nacida diplomacia insurgente, al llegar a la ciudad del Támesis los primeros delegados revolucionarios. A principios de julio de 1810 arribaron a la capital británica los representantes venezolanos, que eran esperados por Miranda con ansiedad, puesto que su llegada abría, en efecto, la posibilidad de contar con el respaldo de la Junta de Caracas a las maquinaciones de la asociación mirandina, aunque los delegados venezolanos habían sido prevenidos contra El Precursor, del que desconfiaba la Junta, tal vez por sus ideales jacobinos. No obstante, Miranda, Bolívar, López Méndez y Bello no tardaron en establecer profundos vínculos de amistad y camaradería, pues no fue difícil comprobar que existía, entre ellos, una total identificación en intereses y pareceres. Luis López Méndez comunicó al Secretario de Estado en Caracas que Miranda era la persona adecuada para informarse de los contactos preliminares y para iniciar los trámites propios de su delegación, alabó su sincera disposición a colaborar con los delegados caraqueños y emitió un juicio ponderado sobre El Precursor, al que calificó de patriota celoso, general experto y político profundo. Al parecer, sin embargo, fue sólo Simón Bolívar de entre los delegados venezolanos el que decidió afiliarse a la logia mirandina, hipnotizado por la capacidad organizativa, las concepciones militares y la visión estratégica, política y propagandística del Precursor. Durante unos pocos meses ambos dirigentes realizaron, entre otras actividades, una campaña en la prensa londinense para crear, en las esferas gubernamentales británicas, una corriente de simpatía hacia las sufridas provincias americanas de España, destacando las peculiaridades de una situación que perjudicaba no sólo los intereses de los propios criollos sino, también, las ambiciones comerciales y diplomáticas de Inglaterra. La labor desarrollada por Miranda en Londres continuó aún después de su marcha definitiva de la capital, en octubre de 1810, cuando abandonó el territorio británico para dirigirse a Venezuela, con la esperanza de ver cumplidos sus ideales de libertad e independencia. Según parece la logia mirandina pervivió con vitalidad por algún tiempo. En este sentido se considera, basándose en diferentes indicios, que fue el argentino Carlos de Alvear el encargado de mantener enhiestas sus columnas en los años inmediatamente posteriores a la partida de Miranda y, algún tiempo después, al regresar al Río de la Plata, fundó en Buenos Aires junto al prócer José de San Martín la también denominada logia Lautaro, que según se indicaba tampoco estaba ajena a la inspiración, más o menos remota, del Precursor, puesto que, entre otras cuestiones, se hablaba también de la existencia previa, en la capital porteña, de una delegación de la asociación mirandina de Londres, similar a la que se erigió en Cádiz. Mientras tanto, otros patriotas americanos como Manuel Moreno continuaron en la capital británica la labor de enlace, conspiración y organización revolucionaria iniciada por Miranda muchos años antes, cuando el ideario de la emancipación americana era sólo una bella idea en la mente del Precursor.
Manuel de Paz-Sánchez
Bibliografía:
- BERRUEZO LEÓN, María Teresa: "La propaganda independentista de la logia mirandina en Londres", Masonería española y América. V Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 1993, pp. 95-113. - ROBERTSON, William S.: The Life of Miranda, New York, 1969.
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