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Adios Borinquen querido
2006-10-13
Félix José Hernández .
Cubano residente en Francia. Es profesor de Civilización de América Latina en la Université de Marne-la-Vallée y fue redactor de Les Cahiers d'Histoire Sociale.


París, 12 de octubre de 2006.

Querida Ofelia,

                         sólo hoy encuentro un poco te tiempo para contarte nuestro viaje a Puerto Rico, que hicimos entre el 9 y el 22 de febrero últimos. Hay lugares del mundo de los cuales has oído hablar tan bien, te han contado tantas villas y castillas, que cuando los conoces quedas decepcionado. En el caso de Puerto Rico es todo lo contrario; me habían hablado tan mal de esa bella isla y de sus gentes, que para mí fue un descubrimiento sorprendente, positivo, tan es así que me he quedado enamorado de Borinquen.

En mi vida he recorrido muchas islas, la de Cuba desde el Valle de Pica Pica cuando estuve en un grupo de Espeleología como profesor de la E.M.C.C. (los Camilitos) hasta la Gran Piedra, de este a oeste y desde Cabañas hasta Santiago, de norte a sur.

De niño iba desde mi terruño camajuanense hasta Caibarién y desde allí en una lanchita rudimentaria, que ensuciaba el límpido cielo caribeño con chorros de humo negro, hasta Cayo Conuco y los Ensenachos. Son las islas de mi infancia, con los bellos recuerdos que se van haciendo más bellos según los años pasan, debido a una nostalgia creciente por un pasado feliz que ya no volverá. Ya en Europa he podido pasear por las del Mediterráneo: Capri, Ischia, Ventotenne, Ponza, Sicilia, Malta, Chipre, las Ciclades, Creta y las Baleares, además de las Canarias y Madeira  en el Atlántico. Todas ellas con bellas iglesias, plazas, museos y monumentos  donde se respira la historia y el pasado. En los EUA he visitados varias veces los cayos del sur de la Florida, entre los cuales Key West es mi preferido, pues tiene un encanto especial.

En cada una he tratado de encontrar algo que me recuerde a mi añorada ex Perla de las Antillas y muchas veces he encontrado una fachada, un patio, una ventana, un objeto, una iglesia que me trae a la mente un pedacito de mi largo lagarto verde, como decía Guillén. Pero como Puerto Rico no hay otra, es el único lugar en el mundo donde me parecía que estaba en mi Cuba, no sólo por la arquitectura, el clima, la vegetación, las playas y la comida, sino por el carácter de su pueblo, la cortesía de todas las personas que encontré. A cada paso puede apreciarse  ese mestizaje caribeño de taíno, negro y español, el sincretismo cultural y religioso y sobre todo el andar cadencioso de sus mujeres. Recorriendo San Juan me parecía a veces que estaba en Santiago, en algunas calles me encontraba en Trinidad y en otras en la Vieja Habana.

En la ciudad de Ponce me encontraba en Cienfuegos o en Santa Clara. ¡Cómo les hubiera gustado a mi tía Tana y a mi prima Estela recorrer esas calles! Viví una especie de regreso al pasado. Me encontraba en una Cuba sin jineteras ni jineteros, sin CDR ni consignas revolucionarias, donde nadie te quiere timar, donde nadie te pide nada. Todo limpio, muy limpio, con las fachadas de los inmuebles impecables, las calles adoquinadas y las rejas de hierro forjado de las ventanas que son verdaderas obras de arte. Un país en el que cuando entras a cualquier comercio una empleada se dirige hacia ti preguntándote: ¿Qué desea caballero? o ¿En que puedo servirle caballero? Un país donde se trata con respeto a todo el mundo, donde se habla de señor y señora, caballero, don y doña. Donde ir a la iglesia no es una forma de disidencia, sino de verdadera creencia religiosa.

En fin, mi querida Ofelia, si quieres ver lo que fue Cuba o mejor dicho, lo que podría haber sido hoy, tienes que ir a Puerto Rico. Aunque quizás me equivoque, pues aunque hoy tienen el nivel de vida más alto de la América Latina, si comparamos la Cuba del 1958 a Puerto Rico, en aquel momento ya nuestra ex Perla estaba mucho más avanzada. Sólo nos superaban al sur del Río Grande: Venezuela y Argentina. ¿Dónde hubiéramos estado hoy en desarrollo económico, social y cultural si no hubiera llegado el Coma-Andante en Jefe? ¡El que llegó y mandó a parar! ¡Sólo Dios lo sabe! La isla es un Estado Libre Asociado de los EUA según la Constitución de 1952 y por lo tanto, esa gran potencia se ocupa de la defensa, de la política exterior y también paga la factura del sistema de protección social del cual se benefician el 60 % de los boricuas.

Yo recuerdo cuando en mi juventud me llevaban a las manifestaciones de “solidaridad con el pueblo puertorriqueño, víctima del imperialismo yankee y que lucha por escaparse de esas garras imperialistas”. En aquella época yo pensaba que los boricuas estaban locos. Hay que saber que actualmente los independentistas no llegan al 4 % de los sufragios. Pero, ¿qué era para mí esa isla antes de visitarla? De niño recuerdo una canción que decía: "Voy a pasar mi luna de miel en Puerto Rico...", e incluso vi una película en el viejo cine Rotella a la entrada de mi terruño villaclareño que tenía como título “Luna de Miel en Puerto Rico”. Así en mi mente infantil, aquella isla “del otro lado de Oriente”, era un lugar adonde todo el mundo iba de luna de miel, como París era un lugar donde se producían los bebés y desde donde las cigüeñas los repartían por todo el mundo.Hay que saber que en la Ciudad Luz nunca ha habido cigüeñas y que en ella hay más animales domésticos que niños.

Con el pasar de los años, famosos cantantes han puesto el nombre de su isla natal en las carteleras del mundo entero, como: Ricky Martin, Marc Anthony, Jennifer López, etc. También la belleza de sus mujeres fue reconocida cuando en el 2001 Denise Quiñones fue la cuarta puertorriqueña ganadora del concurso de Miss Universo. Casi al mismo tiempo el boxeador Félix “Tito” Trinidad ganaba el campeonato mundial de pesos medios.

Tomamos el avión de Iberia hacia Madrid, en el aeropuerto de Charles de Gaulle donde mientras las bolsas de mano pasaban por el detector, el policía conversaba con otro sin ni siquiera mirar a la pantalla. Lo cual con los tiempos que corren, me hizo comenzar a inquietarme. Al tomar el avión directo de la capital de la Madre Patria para San Juan, el policía madrileño me inspeccionó tanto que hasta abrió el tubo de aspirinas.

Al fin pudimos subir al Jumbo de Iberia en el cual la confusión era total, pues no sólo había separado arbitrariamente a todas las familias y cada cual se dedicaba a permutar asientos, sino que también el público más popular no podía ser. Yo me preguntaba de dónde salía esa gente. Los niños gritaban, corrían por los pasillos. La gente hablaba a gritos de una fila a otra. Le pregunté a una señora mulata, de melena de león y labios gigantescos color rojo carmesí que estaba sentada a mí lado y me informó que eran todos de una fábrica gala y que iban para Santo Domingo. Nueve horas después de haber dejado París bajo la llovizna del invierno y a -2°c, llegábamos al aeropuerto Muñoz Marín con +30°c y un cielo de un azul intensísimo con un sol espléndido. Nos estaban esperando dos parejas de viejos amigos, los que nos iban a servir de anfitriones durante dos semanas y nos iban a hacer visitar, comprender y apreciar no sólo las bellezas extraordinarias de la isla, sino también el espíritu, la idiosincrasia de ese extraordinario pueblo boricua. 

 
Palmeras de la Playa El Lunquillo
La isla tiene apenas 8,900 Kms. cuadrados, pero cuenta con 438 Kms de playas cuajadas de palmeras, muchas de las cuales aún hoy solitarias y relativamente vírgenes. A cada visita o paseo a un lugar interesante, puedes terminar con un buen baño en la playa, cuya temperatura del agua raramente desciende por debajo de los + 24° C en “invierno”. Las playas más bellas que vi fueron el Luquillo y Cabo Rojo, la primera con miles de palmeras y la segunda en el extremo noroeste de la isla, entre acantilados y una naturaleza salvaje. Algo para recordar. La playa Luquillo tiene 5 kilómetros de largo y una gran cantidad de chiringuitos playeros en los que se pueden comer y apreciar muchas de las especialidades de la cocina boricua como: las pastillas (una mezcla de carne de cerdo con yuca envuelta en hojas de plátano), frituras, empanadillas, los bacalaítos fritos, el mofongo (fufú de plátano con carne de cerdo), la yuca (que se come con perejil y cebolla), las alcapurrias (pescado frito en pedacitos con bananas). Pero a nosotros nos encantaron los gigantescos chicharrones del pueblo de Bayamón, que compramos en un timbiriche en la carretera cerca de ese pueblo.

Por todas partes hay fondas, donde se come rico, barato e higiénicamente, la prueba es que no tuve que utilizar ninguna medicina de las que siempre llevo conmigo cuando salgo de viaje para los problemas digestivos eventuales.

En los restaurantes, a los cuales íbamos casi cada noche, pudimos probar y deleitarnos con el arroz con gandules (arroz amarillo con berenjenas), el asopao (arroz caldoso con mariscos), la cachuela (guiso de conejo), las chauchas (judías verdes), los guineos (plátanos), el mondongo (sopa de calabaza), el pollo al carbón (pollo a la brasa) , el sancocho (guiso de carne con caldo sustancioso, verduras y legumbres, poco condimentado), la serenata (ensalada de plátano, boniato y bacalao con aceite, vinagre y cebolla) y para no hacer esta lista interminable, la sopa borracha (que es un caldo con ron). Todo siempre acompañado por una cerveza bien fría: Corona, Medalla o India. Auque el aperitivo de cada comida era una excelente Piña Colada, bebida institucionalizada desde su invención en el 1967. Nació allí, en el corazón del Viejo San Juan, en un local de la animada Calle Fortaleza, donde te lo sirven en un patio lleno de mesas de hierro forjado entre arecas y guitarristas.

En esa calle encuentras en una esquina La Joyería Cuervo y Sobrino, cerca de ésta La Joyería Riviera (exacta a la homónima de Galiano) y tantas tiendas de antigüedades valiosas, cerámicas baratas, pacotillas para turistas y sobre todo muchas joyerías. En la Calle Cristo, que nace en la capilla del mismo nombre a orillas del mar y a cuyo lado se encuentra el parque de las palomas con sus nichos en las murallas, se encuentra Outlet Shop, que es la tienda Ralph Lauren, con unos precios que corresponden al 50% más o menos de los practicados por esa marca en París. Así comprendimos el por qué había tantas personas por las calles con ropas de esa marca. El país fue descubierto por el gran genovés Cristóbal Colón en el 1492 y estaba habitado por los taínos los que ya la llamaban Borinquen. El primer gobernador fue nombrado en el 1508, nada menos que Ponce de León, cuya tumba se puede admirar en la Catedral de San Juan la cual comenzó a construirse a mediados del siglo XVI, pero que ha sido tan dañada por tantos ciclones, que la actual no se parece en nada a la original.

Durante tres días recorrimos el Viejo San Juan: el castillo de San Felipe del Morro y el de San Cristóbal, en el otro extremo de las murallas, la Plaza de Colón con el monumento al Gran Almirante, construida en el 1840, la Plaza de Armas del siglo XVI, la Plaza Quincentenial, etc.

Las Murallas de San Juán

La ciudad está llena de turistas estadounidenses, pero los europeos brillan por su ausencia. Sólo vimos a un francés en 15 días. Llegué a la conclusión de que como la isla es muy cara, ellos prefieren ir a la República Dominicana o a Cuba donde pueden disfrutar del mismo sol, mar y playas por un precio mucho más módico.

Ponce de León murió en Cuba en el 1521 cuando se dedicaba a matar indios, de ahí que yo no comprenda cómo sus restos están en una catedral, cuando con toda probabilidad su alma debe de estar en uno de los círculos del dantesco infierno. Por ese motivo no llegó a vivir en la Casa Blanca, bellísima casa colonial que es presentada hoy a los turistas como la casa de Ponce de León, sin embargo allí sí vivieron los siguientes gobernadores españoles.

En los museos prácticamente aparte de nosotros, había siempre apenas dos o tres personas, sin embargo son muy interesantes, situados en viejas casas coloniales, pequeños, a dimensión humana y con un personal que más amable no puede ser. Admiramos los siguientes: El Arsenal (de 1880, con pinturas boricuas), La Casa del Callejón (museo del mueble, con una farmacia del siglo XIX ), Museo de Arte e Historia (allí había una gran fiesta y un cura nos invitó a almorzar y participar del verdadero banquete, algo insólito para el que llega de Francia ), Museo del Indio (historia de los indios taínos y arawaks ), Museo Pablo Casals (colección de manuscritos y objetos que pertenecieron al gran violonchelista catalán que vivió en esa casa desde el 1956 hasta el 1973 ), Casa de los Contrafuertes ( museo de la esclavitud y de los orígenes africanos ). Los precios de los billetes de entrada son muy baratos, uno o dos dólares o a veces gratis y sin embargo no hay prácticamente nadie visitándolos.

Puedo deducir que el turismo que va a Puerto Rico no es cultural, sino que sólo busca playa, sol y exotismo. Lo mismo nos ocurrió en el Capitolio (inmaculadamente blanco) sede del parlamento, construido en el 1925 por Rafael Carmoega, la Casa de España (curioso inmueble de estilo andaluz, donde hoy se celebran bodas y fiestas), el Archivo Nacional (Biblioteca de San Juan) y en la Alcaldía con su bella plaza donde hay demasiadas palomas. Todos estos lugares tan interesantes, pero sin turistas a pesar, repito, de la extraordinaria gentileza de sus empleados. ¿Será que Puerto Rico no sabe promocionar su patrimonio cultural?

En la Cámara de Representantes de los EUA, Puerto Rico está representada por un “embajador” que tiene derecho de voz pero no de voto. Los boricuas son ciudadanos norteamericanos, aunque no tienen derecho de votar en las elecciones presidenciales estadounidenses a menos que vivan en el territorio continental.

Estábamos hospedados en casa de Raúl, Maribel y Raulito, en Isla Verde, a apenas 200 metros de una playa estupenda. Raúl es un hombre discreto, reservado, culto, todo un caballero en el sentido amplio de la palabra, con él podíamos contar para ir a cualquier lugar de la isla. Siempre con la palabra justa en el momento justo, ingeniero de formación, que logró escapársele al Coma-Andante en jefe con su esposa e hijo después de mil humillaciones y complicaciones, las cuales valdría la pena contar en una crónica sobre las vejaciones que inflige el régimen a los disidentes.

Maribel, a la cual los amigos llamamos Cuqui, profesora de formación, es el dinamismo y la simpatía personificada, cubana al 100%, ideal para consejos culinarios. Conoce todos los lugares donde se come bien, conoce el espíritu puertorriqueño al dedillo y sus consejos nos fueron utilísimos, pero su “gran defecto” es que cuando maneja su flamante coche no tiene el sentido de la orientación; habría que regalarle una brújula. Por suerte que Puerto Rico es una isla y el mar le impide continuar. Si viviera en Europa, el día que saliera de París para Barcelona, terminaría en Praga o Bucarest.
Cuando hay que salir de una de las flamantes supercarreteras que unen las viejas ciudades coloniales, o se equivoca de salida o “coge por donde van los demás" y así según ella “a algún lugar se tendrá que llegar". Pero este despiste de dimensiones cósmicas es parte de su encanto, como dirían los galos.

Raulito, que tiene un look entre John Lennon y Tarzán y que más amable no pudo ser, fue el guía y anfitrión de mi hijo. Superdinámico, deportista, inteligente y con gran sentido de la hospitalidad y del humor, disponible y sonriente, es un chico ideal. Con él aprendimos parte del vocabulario boricua: un palo (un árbol ), los chavos (el dinero), un chavo prieto (un kilo prieto), jugo de china (zumo de naranjas), la china ( la naranja ), el bicho (el órgano sexual masculino ), el mangó (el mango ), el platanutre (las mariquitas ), la batida (el batido ), el corazón (el anón ), las quenepas (los mamoncillos ), las habichuelas (los frijoles ), la batata (el boniato), la yautía ( la malanga ), etc.

Paseamos por el Paseo de la Princesa hasta la Puerta de San Juan, que era por donde los marinos penetraban desde el puerto al centro de la ciudad. Un día almorzamos en La Bombonera, un restaurante de los años 50, a pesar de que un señor que nos escuchó hablar de este lugar en pleno parque de la alcaldía, se nos acercó para recomendarnos que no fuéramos.

Esto es algo muy curioso, cuando estás en algún lugar de un pueblo o ciudad con el mapa en la mano, siempre hay alguien que se acerca a preguntarte qué deseas, te da recomendaciones y hasta te acompaña al lugar, todo desinteresadamente. Visitamos la Destilería Bacardí, nos ofrecieron cócteles deliciosos, vimos como se produce el preciado ron de caña y sobre todo lo más interesante fue el museo con tantas fotos de la historia de la familia Bacardí, verdadera saga, desde la llegada a Santiago de Cuba hasta hoy día. Carteles publicitarios de "Bohemia", "Carteles" y "Vanidades" de los años 50 decoraban las paredes. Al final nos compramos varias botellas y T-Shirts de recuerdo. Pasamos una magnífica velada en el Restaurante Margaritas. A Cuqui se le ocurrió decirles a los mariachis que era el cumpleaños de mi esposa y le cantaron “Las Mañanitas” (¡a las 11 de la noche!). Yo les pedí y me interpretaron “En Mi Viejo San Juan”, canción que conocía pero que hoy valorizo muy bien sus palabras.

Me he convertido en un gran embajador cultural puertorriqueño, aquí le recomiendo el viaje a todos los amigos galos. Espero que Dios me permita recorrer de nuevo las calles de La Isla del Encanto. Cuqui me llevó al Colegio La Piedad, de los padres pasionistas, en donde ella y su hermana Nery son profesoras. Era el Día de San Valentín y todo era alegría, los alumnos llegaban con globos en forma de corazón y se felicitaban unos a otros y a los profesores. Pude hablar con el Padre Landa, que es el director, un sacerdote vasco que en apenas unos minutos comprendí que era un hombre de carácter y que emanaba simpatía y cordialidad.

Nery forma parte de mi patrimonio personal, es una mujer encantadora a la cual la vida ha golpeado demasiado fuerte. Ella era la única persona que representaba para mí un oasis de serenidad al interior de aquella Escuela Secundaria Básica William Soler (¿Solar?) de la calle Belascoín, en mi querida Habana, en donde fuimos colegas durante años y donde reinaba la vulgaridad más extrema. Su hija Jenny es una chica educadísima, amante de la música clásica y de la serenidad. Podría vivir a sus anchas en una ciudad como Dublín o Estocolmo. Me recuerda a mi prima Isabelita.

 

A la entrada de la escuela hay un gran mural pintado por los alumnos con la historia de la isla, desde la prehistoria, las tribus taínas, la llegada de las carabelas de Colón, hasta la actualidad. En otro pasillo otro mural tenía una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y a su lado un collage hecho por los alumnos donde se podía leer: “Además de ser tu mejor amigo di mi vida por ti... Y tú ¿Qué harías por mí? ". En el patio una Piedad está rodeada por cuatro palmeras mientras que en la Capilla a los pies de un Cristo, de la Virgen del Pilar y de un cuadro representando la Piedad, había sendas jarras de gladiolos.

Entre los Castillos del Morro y de San Cristóbal, atrapado entre las murallas y los arrecifes de la costa, se extiende por unos mil metros el estrecho barrio de La Perla, a él se llega por escaleras que parten de las murallas, a la entrada de las cuales hay parejas de policías para evitar que algún turista despistado pase.

Desde los techos, algunas pancartas tienen escritos como los que siguen: "Señor gobernador en La Perla vive gente honrada, útil, buena, responsable. Viven niños inocentes. En La Perla tenemos sentimientos como todo el mundo. Invítenos a dialogar”, «La Perla no merece las falsas palabras del gobernador”; "Usted tiene el país de mal en peor”. Pero el que más me impresionó en esta prueba de tolerancia política que representan estos carteles en pleno centro de la capital boricua fue el que escribía: “¡Queremos ser libres, fuera la policía!”.

Los barrios pobres están compuestos por inmuebles de prefabricados de dos o tres pisos, cercados en forma de urbanización y con una entrada y una salida con barras, como los peajes de las autopistas. Ellos son cerrados de noche, para evitar que bandas rivales de otros barrios vengan a buscar jaleos. Pasamos por uno de ellos y constaté que están en mejores condiciones que los barrios de pobres en Francia (Les quartiers de HLM) y no hay comparación posible con los destartalados barrios pobres de Italia (Le Borgate).

Por muchas partes de la isla hay los llamados Resort & Country Club; se trata de hoteles de 4 ó 5 estrellas, situados en playas bellísimas y rodeados de campos de golf, tenis etc. Cuentan con piscinas donde la imaginación no tiene límites, en forma de lagos, oasis, ríos, con bares o “islas” al centro de ellas. También con marinas y mansiones detrás de las palmeras, etc. Estuvimos en: el Caribe Hilton, El Ponce Hilton, el Wyndham El Conquistador (éste fue el más espectacular de todos), el The Westin Río Mar Beach, el Hyatt, (éste último tiene hasta un lago con cisnes negros), etc. Después de todo, tres millones de boricuas se ven “invadidos” cada año por más de dos millones de turistas.

Nos fuimos al Parque Nacional de El Yunque, donde la vegetación tropical adquiere todo su esplendor con sus 240 especies de árboles diferentes y sus gigantescos helechos.

Son 11,000 hectáreas de selva en cuyo centro está el punto culminante del país con 1,065 metros de altura. Paramos para admirar el Salto de La Coca , la Torre del Mirador y el segundo salto, para ver el cual se desciende por una acera como en Soroa durante 45 minutos, entre una vegetación muy tupida, hasta llegar al pie del fantástico salto. Es una lástima que uno no se pueda bañar allí pues corre el riesgo de enfermarse, ya que en esas aguas vive un parásito, el bilharzia, que se introduce a través de los poros. Allí pudimos escuchar al Coquí, ranita minúscula símbolo del país.

Raúl alquiló una casa en Cabo Rojo por un fin de semana y desde allí pudimos pasear por los alrededores. Fuimos al pueblecito de pescadores de Puerto Real y compramos a un pescador que se parecía a aquellos del Caibarién de mi infancia, tres pargos recién pescados, que Raúl preparó impecablemente.

Íbamos a bañarnos a la playa de Boquerón, de 5 Kms. de largo y de arenas blancas. Fue allí donde me percaté que las puertorriqueñas tienen mucho pudor en cuanto a trajes de baño se refiere, pocos bikinis, ni cordoncitos entre los glúteos, ni senos al aire. Ninguna provocación, ni erotismo, ni jineterismo, a los cuales nos tienen acostumbrados las playas europeas. Estuvimos en La Parguera, en La Bahía Fosforescente, que se visita en un barco con suelo transparente y de noche. Unos chicos se lanzan al mar y sus brazos parecen sacar destellos de fuego del agua. En el puerto había una Botánica Cubana, en cuya pared un cartel anunciaba "Santo Niño de Atocha. Se hacen consultas, barajas y lecturas del caracol. Eleguá”. La visita a la ciudad de Ponce, "La Perla del Sur”, ciudad colonial española alrededor de su plaza central, fue algo extraordinario. Su bella Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, el Parque de Bombas (antiguo cuartel de bomberos) pintado con franjas rojas y negras, con su exposición de formidables máscaras del carnaval de papel maché, que representan al diablo y que llevan los gigantes, llamados aquí Vegigantes. También la Casa de la Masacre de Ponce, que fue principal residencia del partido nacionalista. En este lugar en 1937 se produjeron los dramáticos enfrentamientos entre la policía y los partidarios del citado partido.

Ciudad de Ponce, Catedral de Guadalupe

El Castillo Serrallés, antigua mansión de la riquísima familia del mismo nombre, muestra la casa llena de objetos de valor pero de dudoso gusto, donde vivían los reyes del ron y de la caña de azúcar de la región. La guía nos mostró las fichas de metal con las cuales se endeudaban los pobres campesinos durante el tiempo muerto después de las zafras; ella nos explicó que “ funcionaban como hoy las tarjetas de crédito”. Hay que ser muy ingenuo para ver cartas de crédito detrás de la terrible explotación de los pobres campesinos a lo largo de los siglos en las islas del Caribe.

Detrás de la mansión una horrible y enorme cruz de hormigón de unos 100 metros de altura se alzan y desde lo alto se puede apreciar una magnífica vista de la ciudad. En la acera del Hotel Bristol, vi a un señor vestido completamente de blanco, que bajó de la acera quitándose el sombrero para dar paso a una señora que venía en sentido contrario protegiéndose del implacable sol caribeño con una sombrilla. Esta imagen me recordó a mi abuelo Claudio, siempre de blanco y con sombrero de jipi-japa, haciendo gala de su cortesía legendaria.

¡Qué contraste con algunos drogados de cuerpos esqueléticos que caminan entre los coches a las entradas de las ciudades pidiendo limosnas con un vaso de cartón! Van con la mirada en el limbo, tan «idos» que no pronuncian ni siquiera la palabra gracias. A la orilla del mar se extiende el Paseo tablado de La Guancha, lugar muy agradable que recuerda el Deauville francés. Cerca de allí nos fuimos a merendar al bello Ponce Hilton. Visitamos el Antiguo Casino, casa de estilo neoclásico de 1922. Recorrimos la ciudad en tranvía turístico. Fuimos hasta la gigantesca y célebre Ceiba, vimos el monumento a José Martí y el mercado, repleto de frutas con un aspecto impecable.

Por todas partes amabilidad y cortesía. ¡Qué pueblo! Pero como toda regla tiene una excepción, debo confesar que el único lugar desagradable que encontré en 15 días de recorrido por Borinquen fue el mostrador de fotografías del Drugstore Walgreens, situado en la Avenida de Isla Verde, donde entregué 6 rollos de cámara para revelar, me dijeron un precio y al recogerlos eran 9 dólares más. Cuando reclamé, me llamaron a dos guardas jurados del establecimiento ante los cuales una insolente empleada se decía ofendida por mi reclamación. Los señores policías de la tienda me trataron como si yo fuera un delincuente.

Les dije textualmente: "Llevo dos semanas paseando por esta isla de la cual tan mal me habían hablado, sólo he encontrado gentes amables. Es una lástima que yo haya entrado en este establecimiento, pues ustedes con este comportamiento dan la razón a quienes les difaman”.

La visita al Observatorio de Arecibo fue uno de los momentos fuertes del viaje, ya que es el mayor radiotelescopio del mundo. El espejo parabólico tiene un diámetro de 400 metros y una profundidad de 90. La estructura convexa de la parábola es la que lo convierte en verdero radiotelescopio. Los astrónomos pueden medir allí las diferentes radiaciones que emiten los cuerpos estelares en función de su variada composición química. Allá se pasa a una sala de cine donde se puede ver un documental sobre cómo funciona el radiotelescopio. Después en el museo se pueden ver diferentes experimentos y tocar un verdadero meteorito.
Una película de James Bond (el agente OO7), en una escena que supuestamente se desarrollaba en Cuba, fue filmada allí.

Continuamos hacia las cuevas de Camuy, eran enormes. Todo muy organizado a base de trencitos y con un guía que hablaba un castellano muy aproximativo. Pero las estalactitas o estalagmitas brillan por su ausencia. Vale la pena por la vegetación que las rodea.

Como curiosidad te transcribo algunas expresiones que escuché o que leí en anuncios, carteles, etc., son las “perlas”: "A él lo conozco desde hace exactamente muchos años". "A nuestra selección infantil de pelota le falta madurez". "En los desafíos, es regla necesaria que los dos rivales se sitúen a la misma distancia el uno del otro". "En el Vaticano fuimos a la Capilla Cristina". "El cuadro que vimos en el Prado lo pinto Tululo Tres (Toulousse-Lautrec)" "Hubo 20 muertos, entre ellos seis muy graves". "Se venden chicharrones, mofongo, zapatos, insecticidas y otros comestibles". "Con gusto le cambiamos todo artículo defectuoso por otro de igual calidad". "La víctima del accidente sufrió la fractura de dos brazos, por lo menos". "Vendemos ropa usada para señoras en buen estado". "Visitas al hospital de 2 a 7. Sólo se admitirán dos personas por cama y máximo 30 minutos"

Gracias a la amabilidad de la Sra. Cuquita Yanes, presidenta del Círculo Cubano de Puerto Rico, tuvimos una invitación de 15 días y pudimos ir varias veces a ese Club que recuerda tanto a lo que mi madre llamaba “La Cuba de cuando Cuba era Cuba “.

Allí Raulito y mi hijo iban a jugar pelota vasca y otros deportes. Mi esposa y yo a disfrutar de la piscina y la playa. También se puede practicar el baloncesto y el balonmano. Hay una cafetería, un restaurante, parque infantil, sala de baile, vestuarios, etc. Pero lo más interesante son los socios, personas de todas las edades y que mantienen los valores burgueses de buena educación, sociabilidad, valores morales y religiosos, etc. Y que nos recibieron como si nos conocieran desde hacía mucho tiempo. En el primer piso una bella imagen de la Virgen de la Caridad domina las oficinas, mientras que en la entrada de la cafetería un busto de José Martí está ubicado delante de un mar pacífico rojo, dos palmeras y las astas de las banderas cubana y boricua. Allí te das cuenta de la veracidad que las dos islas no son más que las alas de un mismo pájaro como dijera un grande de nuestra historia.

La pared de la Sala de Baile estaba cubierta por fotos de reinas de belleza cubanas y al pie de ellas, en sendos butacones dos señoras elegantemente vestidas de blanco marfil conversaban y echaban una ojeada a sus revistas Vanidades. Fue otra imagen que me recordó la Cuba del pasado.

Raúl y Cuqui prepararon una fiesta en su casa con un lechón asado en una "caja china", lo que yo nunca había visto. Vino una señora amiga de ellos que yo había conocido en París y amablemente nos ofreció una cesta de frutas y licores boricuas. Mis tíos Faustino y Claudito mataban lechones durante las fiestas y recuerdo que los asaban en los traspatios, en aquellos hornos de metal tradicionales.

Mi último día en el bello Puerto Rico fue el día de mi cumpleaños. Cuqui y Raúl me ofrecieron un almuerzo en el magnífico restaurante “ La Habichuela Colorá", ¡Qué bien comimos!

En el avión, que venía de Santo Domingo, con grupos de turistas, de nuevo la algarabía, de nuevo la confusión de la separación de las familias arbitrariamente, y yo pensando en lo bien que lo habíamos pasado y en aquella canción: "En mi Viejo San Juan, cuántos sueños forjé, en mis noches de infancia.... Mi corazón se quedó frente al mar en mi Viejo San Juan..." Adiós, Borinquen querido... Me voy, pero un día volveré a soñar otra vez en mi Viejo San Juan...".

Reflexionaba a propósito de lo que pudo ser Cuba y no fue y también en que la ocupación de Puerto Rico en el 1898 y su posterior estatus de Estado Libre Asociado le han permitido salvarse de todos los caudillos, líderes máximos o carismáticos que tanto han abundado en nuestra América Latina hasta hoy.

Te deseo de todo corazón que Dios te permita pasear por las calles del Viejo San Juan.

Un abrazo desde la Vieja Europa, te quiere siempre,

Félix José

El autor en el Club Cubano de San Juan

                              

 







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