El escritor mexicano Sergio Pitol recibió ayer, en una ceremonia realizada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares de España, el prestigioso Premio Cervantes de Literatura, de las manos del Rey Juan Carlos. La elección del lugar no es casual: fue en esa ciudad, hoy sede de la prominente Universidad, que el autor del Quijote vió la luz.
El Premio Cervantes (considerado el Nobel de las letras hispanas), dedicado a distinguir una trayectoria literaria de significancia en lengua española, es otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura de España desde 1976, y está dotado con la suma de 90.180 euros. Muchos de los más prestigiosos autores españoles y latinoamericanos han recibido este galardón, entre ellos: Jorge Luis Borges (1979), Rafael Alberti (1983), Augusto Roa Bastos (1989), Mario Vargas Llosa (1994), Camilo José Cela (1995) y tres prominentes cubanos: Alejo Carpentier (1977), Dulce María Loynaz (1992) y Guillermo Cabrera Infante (1997). Sergio Pitol no es el primer mexicano en recibirlo, lo hicieron antes Octavio Paz (1981) y Carlos Fuentes (1987).
Sergio Pitol, nacido en la ciudad de Puebla en 1933, es una de las figuras más representativas de la literatura latinoamericana actual y autor de culto en su país de origen. Poeta, cuentista y escritor de memorias, nunca ha sido considerado un escritor fácil o popular. Calificado con frecuencia de “raro”, “difícil”, “heterodoxo”, “experimental”, combina en sus textos técnicas de narración propias de la crónica periodística, el relato autobiográfico, reflexiones sobre el arte, experiencias de viaje y homenajes a sus autores favoritos. Si bien muchas de sus obras pueden interpretarse como un collage, mantiene a lo largo de sus muchos títulos una especial dinámica narrativa y un tono profundo y reflexivo. Entre sus textos podemos mencionar: No hay tal lugar (1967), Infierno de todos (1971), Cementerio de tordos (1982), Domar la divina garza (1988), Vals de Mefisto (1989), La vida conyugal (1991), El arte de la fuga (1996), Todo está en todas las cosas (2000) y su última obra titulada El Mago de Viena (2005).
Además de su oficio de escritor, Sergio Pitol se ha destacado como traductor de gran calidad: ha traducido más de un centenar de obras de autores de la talla de Henry James, Robert Louis Stevenson, Thomas Bernhard, Witold Gombrowicz y los rusos Andrzejewski, Gogol y Chéjov (Muchos escritores jóvenes actuales, que se rebelan contra la generación de Pitol y sus contemporáneos y buscan su filiación literaria en narradores extranjeros, no se detienen a pensar que es justamente gracias a las traducciones de escritores como Sergio Pitol que tienen acceso a ellos). El autor poblano reconoce también su afición y su deuda con el cine, arte al que califica como “mi ventana al mundo antes de los libros”.
Pasión de viajes
Huérfano desde muy pequeño, criado por su abuela y sus tías, Sergio Pitol enfermó de malaria a los seis años y transcurrió largos períodos de su infancia convalesciente, con una asistencia irregular a la escuela y muchos meses de cama. Estos años de reposo forzado fueron aprovechados por el niño mexicano para devorar los maestros de la literatura contemporánea: Faulkner, Tolstoi, Dostoievski y muchos otros autores, inspirado por su abuela, que le enseñó inglés y ruso. Apenas repuesto, a los 15 años viaja a la capital del país y comienza sus estudios de Derecho y Filosofía. Graduado de abogado antes de los veinte años, se dedica inmediatamente a viajar. Como revancha a los años atado a su recámara, recorre ahora Europa y parte de Asia durante casi un decenio. Regresa luego a México y se incorpora al servicio diplomático en 1960, en el que continuará hasta el año de su retiro en 1993. Trabajó como Agregado cultural en Roma, Belgrado, Varsovia, París, Pekín, Budapest, Moscú y Barcelona. Es nombrado Embajador en Praga (entonces Checoslovaquia) entre los años 1983-1988. Luego de su jubilación en 1993, y después de haber vivido y recorrido infinidad de países, se retira a una bella pero modesta casa con jardín en el pueblo de Xalapa en el estado de Veracruz, donde reside en la actualidad. Si bien dicta clases en la Universidad del Estado, se lo considera un escritor retraído, poco amigo de las conferencias o las apariciones públicas. Es, sin embargo, muy apreciado por sus colegas, quienes lo consideran un intelectual afable y generoso. El mismo Pitol se define de la siguiente manera: “Estoy muy cerca del budismo. Mi conducta y mi temperamento coinciden con aquella moral. No he envidiado ni calumniado a nadie, vivo como un franciscano, pero en una casa y un jardín que cuesta un dineral para mantenerlos, no me aburro nunca, paso temporadas en soledad y cercano a la naturaleza. De lo único que no podría prescindir es de los perros” (En: “El florido byte”, Cuadernos de internet y de cultura).
Si bien se podría alegar que los premios literarios son arbitrarios y controversiales, muy pocos podrían cuestionar la figura de Sergio Pitol, un hombre amable y modesto y un escritor prolífico y genial.
 |
| Sergio Pitol junto a la autora. |
|