"EL INFIERNO DEL QUE PROCEDO ES TODAVÍA MÁS IRRESPIRABLE CUANDO UNO TEME CONTINUAR SIENDO PERSEGUIDO POR SUS IDEAS".
Así define su patria el joven poeta cubano Almelio Calderón Fornaris, integrante de la generación de creadores del último periodo de la revolución. Vive en el exilio desde hace ya mas de cinco años. Poseedor de una riquísima obra literaria, Calderón ha sido premiado en varias ocasiones. También ha colaborado con publicaciones como "Naranja Dulce", suplemento literario del periódico "El Caimán Barbudo", la revista literaria "Letras Cubanas" y, "Plural", revista cultural del periódico mexicano "Excelcior".
A través de su ardua carrera literaria Calderón Fornaris ha obtenido varios premios que destacan la importancia de su obra. Entre ellos, los premios de poesía de los talleres literarios del municipio Centro Habana, en 1984 y 1987. Primera mención en el encuentro debate provincial de talleres literarios 1987, y mención en 1988. También, dos menciones del premio "David" por su obra."Los Pardos Muros" en 1989 y por "Las Provincias del Alma" en 1991.
El joven poeta se sintió siempre comprometido con la causa de la libertad y la democracia. Ello lo llevó a pertenecer al grupo de creación literaria alternativa "Paideia" donde se expusieron una iniciativas extraordinariamente novedosa para la cultura cubana, en todo momento fueron limitadas o prohibidas por las autoridades. Firmó una carta colectiva de escritores cubanos, protestando por la inaccesibilidad a deternimados libros de autores del exilio como Reynaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Rene Ariza, Severo Sarduy o Carlos Alberto Montaner. Estos archivados en la Biblioteca Nacional de La Habana. Desde entonces su entrada a dicha biblioteca quedó absolutamente prohibida por parte de su Dirección Administrativa. Junto a treinta intelectuales y artistas cubanos (entre otros, Rolando Sánchez Mejías, Rolando Prats, Radamé Molina, Omar Pérez y Judit Pérez Herrera) firma un manifiesto colectivo en protesta por la detención de la escritora María Elena Cruz Varela.
Durante los disturbios políticos de agosto de 1994, Amelio, tuvo que esconderse por temor a represalias de parte de las autoridades. Intentó huir del país en una balsa construida por él mismo, la que naufragó, salvó su vida nadando hasta la playa. En Octubre del mismo año, la Unión de Escritores del País Valenciano (España), con la que colaboraba en la publicación española de una "Antología de joven poesía cubana", lo invita a un acto literario a celebrar en Valencia. Dicho acto nunca existió, pues fue la excusa que sus amigos escritores urdieron para poder responder a su desesperada petición de salir del país. En el aeropuerto de La Habana, ya en sus últimos instantes en Cuba, la policía lo detiene y le interroga. Allí le confiscan, a un paso de la libertad, parte de su equipaje; libros y una comprometedora carta dirigida a un escritor cubano exiliado en España.
Nuestro joven poeta fijó su refugio en Valencia, España. Desde allí ha continuado su ardua labor literaria, junto a su compromiso de dar lo mejor de su arte a Cuba. Y hoy día, va nuestro poeta recogiendo los frutos de su talento sembrados en una sociedad libre, ganándose una beca en el Heinrich Böll Haus, cede de La Unión de Escritores de Alemania.
Nadie como un poeta para no olvidarse de su patria, nadie como Amelio Calderón para que siga viva, en él su inspiración mayor, Cuba. En medio de esa desgarradora separación, tan lejos de ella, confiesa ante el mundo:
" Como una nueva cruz acepta mi cuerpo resignado el exilio y la ausencia de la Isla"
Poemas de Amelio Calderón Fornaris
Como dos remos en medio del oceano
Esto podría ser el residuo de un suicidio o la complicidad de una mirada líquida hacia la extensión del vacío.
Partimos con las palabras llegamos con las palabras cultivamos la poesía y el poema para la muerte y la muerte para él deshojamiento del hombre.
En el poema se encuentran los caminos, las hogueras, las deducciones y todos los actos de los hombres algún día se borraran como las hojas arrastradas por el viento.
Hace cuatro años me desligue de mis amigos, de mi País para entrar en insomnio y vagabundeo perpetuo. La FE, la complicidad y los riesgos de la vida me mantienen en un constante latir.
El surrealismo detonó hacia el principio de todas las estéticas. Ha puesto un huevo en mi obra. Tiño a las ciudades de otra lluvia. Sembró los océanos de árboles. Bañó los bosques de peces. El surrealismo enseñó su sangre negra, le otorgó más poder al suicidio, hizo más feliz a la muerte. Creo a su hombre nuevo. Creo su propio surrealismo; despertó al poeta de su timidez. Con el surrealismo aprendí los distintos de cavar un túnel.
Con la misma fuerza que los dioses conquistaron el cielo debo de volver a empezar.
VIVIR EN EL EXILIO es no abandonar el cordón umbilical de la vida. Es proseguir con las inaccesibles dudas. Es reconquistar el espacio ya vivido; seguir mirando la voluptuosidad del mar y sus iluminaciones.
VIVIR EN EL EXILIO no es jugar a ser héroe. Es renunciar a lo perdido para alcanzar lo perdido. Sólo la felicidad del escape y la sed de cambiar los límites me han salvado.
Necesito otra ondulación para mi ciudad.
Necesito poner en orden mis tierras.
Ordenar aquellos lugares donde dios existió.
Como una nueva cruz acepta mi cuerpo resignado el exilio y la ausencia de la Isla.
He querido hacer algo que nunca había intentado, enfrentarme a mis miedos.
Yo hallaré el modo de estallar lo que aprisiona a mí ciudad.
Como dos remos en medio del océano que recuerdan sus primeros naufragios así es nuestra existencia.
El poema es como el espejo que da la otra imagen en busca de su otra identidad ya sepultada por la última cicatriz de la luz que aún permanece en mi cuerpo.
Se empieza a escribir cuando las palabras de una forma muy extraña te seducen.
Como archipiélagos son los poemas.
He aprendido a suicidarme cada día.
Por las adversidades inútiles he dejado mi País. Por el tumor de la ideología he dejado mí País. Por las otras pulsaciones de la vida he dejado mí País.
Tengo una única PATRIA: EL MAR.
La poesía, tren vertiginoso. |