Según Mauricio Rojas – un sueco de origen chileno ex militante del MIR e integrado al Folkparti (Partido del Pueblo - de tendencia liberal) y que ha dedicado parte de su vida al estudio de la ciencias socio-económicas en la universidad de Lund (Suecia)- expone maravillosamente en su libro “Latinoamerikas sociala och ekonomiska historia” (Historia social y económica de América Latina) una excelente idea que, a nuestra forma de pensar refleja una de las razones de la tragedia de los pueblos al sur del río Bravo. Rojas nos expresa concisamente que la forma en que se realizo la conquista de Meso América y el subcontinente generó una contradicción entre los conquistadores que participaron en las expediciones y los funcionarios burócratas representantes de la corona. Durante la conquista de las islas ubicadas en la cuenca caribeña como la Española, Puerto Rico, Jamaica y Cuba, la población del viejo continente creció lenta pero sólidamente. Los conflictos internos entre estos nuevos habitantes de la Indias Occidentales y los interese de estos contra opuestos a los de la península Ibérica conllevaron a una creciente intervención de la corona española a través de la construcción de un aparato administrativa estatal y la limitación del poder personal de los conquistadores, como por ejemplo el nombramiento de Bobadilla y arresto Cristóbal Colón. Esta forma oficial del poder real peninsular tenía el fin de asegurar el incremento del tesoro estatal y las riquezas de la iglesia. Generalmente las expediciones de conquistas fueron iniciativas privadas que establecían poderes caudillistas en los territorios conquistados, pero pasado algún tiempo la corona nombraba a sus funcionarios que tomaban las riendas del poder y ponían todo el sistema colonial en función de la metrópoli. Este esquema lo vemos repetirse constantemente cuando Cortes conquista al imperio Azteca, Pizarro al Tihuantisuyo, etc. El conflicto entre la metrópoli colonial por un lado y la elite colonizadora y sus descendientes por otra parte fue uno de las contradicciones que caracterizaron la historia latinoamericana, pero debido a la dependencia mutua entre ambas partes se mantuvo un frágil balance que quedo roto con la independencia de los virreinatos españoles en el hemisferio Occidental a principio del siglo XVIII. De esta manera quedo resuelto la cuestión del poder político y económico entre metrópoli y colonias, es decir - como expresa nuestro colega Carlos M. Estefanía - la elite latinoamericana decidió mantener para sí los ingresos y no alimentar más las arcas fiscales de la corona española, que en definitiva fue la verdadera y única razón de la independencia, como también lo fuera el derrumbe y fragmentación de la URSS a finales del siglo XX. Por esta misma causa la independencia no logro tener un concepto unitario continental y sobre las ruinas del imperio español surge una diáspora de países además de dejar intacto el sistema de explotación colonial esta vez en función de las nacientes elites nacionales que, hicieron primar las diferencias económicas regionales y sus intereses locales, por ello la independencia dejo sin solucionar el conflicto entre la “modernización occidental” necesaria y el espíritu tradicional de la población. Las elites independentistas no comprendieron, y aún hoy siguen sin hacerlo, que alguna que otra innovación o reforma tecnológica productiva no puede modernizar esas naciones. Hace falta algo mas que eso, es necesario una reorganización de toda la sociedad, el establecimiento de una economía industrial estable e independiente y que los espíritus conservadores sean reemplazados por una mentalidad nueva. Se trata de que cada individuo y nación sea capaz de asumir la responsabilidad por el mejoramiento de su propia situación. En este contexto, según la época, la población indígena y sectores del lumpeploretario latinoamericano han protagonizado diversos movimientos sociales que han tenido como denominador común el antiliberalismo y el nacionalismo expresándolo directamente en el antiamericanismo y el odio a la cultura occidental con una manifestación práctica en el desprecio y el racismo hacia el blanco y todo lo que este representa. En la actualidad el conflicto entre las elites nacionales y los “movimientos sociales” en el continente cobran fuerza, así vemos que en un amplio reportaje publicado en el semanario Sueco en español - órgano de la izquierda latinoamericana y vocero de los intereses de la despotismo oriental castrista implantado en Cuba - “Liberación” titulado “América Latina plantea alternativas a la globalización” apreciamos los objetivos inmediatos de estos movimientos son:
· Crear la ingobernabilidad política,
· Crear una crisis social que ilegitímese a los sistemas políticos latinoamericanos
· “Desmantelamiento del modo”(¿?)
· Crear un “proyecto político para poder construir un proyecto hegemónico alternativo”(¿?)
Cabría preguntarse cuál sería el modo a desmantelar y que “proyecto hegemónico alternativo” nos quieren imponer. La respuesta la tenemos en los recientes acontecimientos acaecidos en Bolivia, donde los lideres de la revuelta como Felipe Quispe anuncian abiertamente que 'Queremos autogobernarnos, queremos reconstruir el qullasuyu, la sociedad comunitaria de los ayllus', lo que significa la restauración del Tihuantisuyo y por lo tanto el restablecimiento del Modo de Producción Asiático (MPA).
Estocolmo 21 de noviembre de 2003
Vea del mismo autor, en Cuba Nuestra: La catástrofe que nos amenaza
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