París, 4 de octubre de 2009.
Mi querida Ofelia,
ayer terminé de leer el interesante libro del escritor italiano Gordiano Lupi Cuba mágica. Conversación con un santero.
El autor fue a San Cristóbal de La Habana acompañado por su esposa cubana y se hospedó en la casa de la familia de ésta. A partir de allí, recorrió los lugares clásicos del sincretismo religioso antillano: las iglesias de la Virgen de Regla (Yemayá), la de Las Mercedes ( Obatalá), La Caridad el Cobre (Ochún), El Rincón de San Lázaro (Babalú Ayé), la tumba de La Milagrosa (Doña Amelia Goyre de la Hoz), en el Cementerio de Colón, el Callejón de Hamel, el Templete, etc.
Gracias a las conversaciones cotidianas que tuvo con el babalao Armando, fue llenando de apuntes su cuaderno, el cual se convirtió en el libro que acabo de leer. A lo largo de sus páginas el lector italiano podrá conocer una infinidad de anécdotas y definiciones sobre: el espiritismo, la santería y la brujería afrocubana. El lector recibe numerosas informaciones a propósito de los ritos, los orishas, las prendas, las misas espirituales, los trances, los caracoles, Ifá, la Regla de Ochá, la limpieza, los collares, La Regla de Palo, el palero, los tambores batá, el lucumí, el monte, la ceiba, el bilongo, los sacrificios de animales, el culto a los muertos, las relaciones entre los orishas, el abrir los caminos, las plantas con poderes, el palero, el mayombero, las auras tiñosas, la zarabanda, los poderes de las ceibas, el mal de ojos, los abakuás, el ñañiguismo, los jimaguas, la oración a San Luis Beltrán, etc.
Detrás de la puerta del humilde hogar de mi infancia, mi madre tenía la oración de San Luis Beltrán junto al ramo de guano bendito de la Misa de Ramos. Ella nos leía esa oración haciéndonos cruces en la frente, las manos, el pecho y los pies a mi hermano y a mí cuando estábamos enfermos.
En una visita que hizo a la Ciudad Luz mi gran y admirado amigo Ricardo Boffil, acompañado por Yolanda, su encantadora esposa, me regaló el excelente libro de Lydia Cabrera, El Monte. Gracias a él aprendí mucho sobre el sincretismo religioso afrocubano, aunque debo confesar que me fue difícil leerlo. Tenía la impresión de estar leyendo una tesis de doctorado.
Siempre he tenido mucha curiosidad a propósito de ese tema. De niño, en mi terruño camajuanense, una señora afrodescendiente que vivía en el barrio de la Loma, en la casa donde terminaba el pueblo, sacaba cada 4 de diciembre la procesión de Santa Bárbara, la cual paseaba alrededor del parque y llevaba hasta la puerta de la iglesia. Era una gran estatua con pelo verdadero, espada en mano al lado de un pequeño castillo, coronada y con una gran capa roja, idéntica a la que tenía mi prima Buro en su humilde hogar de Santa Clara. Cuando se acabaron las manzanas, Buro puso manzanas de parafina sobre las copas rojas de vidrio que se encontraban al pie de la imagen de la santa. La santera camajuanense fue exhibida en una tribuna en la puerta de la estación de policías e insultada por la plebe, pues la acusaron de haber recibido una botella de 33 pesos mensuales por parte de las autoridades del régimen del recién derrocado Fulgencio Batista. Un día la escuché decir a mi madre: ¡El Hombre regresará por el puerto de Caibarién!
Mi casa habanera de la calle Soledad, estaba muy bien situada, a la izquierda vivía la santera Merita con su hijo babalao, el último cuarto estaba el dedicado a los orishas y como estaba separado del mío sólo por una pared, podía oír por la noche desde mi cama los tambores cuando había ceremonias religiosas. A la derecha de mi hogar vivía la espiritista María Luisa y al lado de ella la santera Angelita. Todas esas personas eran honestas, educadas y respetables. Teníamos excelentes relaciones con ellos, a pesar de no compartir la misma religión.
Berta, la prima de mi madre y Etelvina mi tía, velaban a San Lázaro cada 17 de diciembre y a sus casas íbamos a pasar una magnífica noche entre familiares y amigos. Mientras que mi tía paterna Amelia, velaba a las Mercedes y también allí íbamos y la pasábamos maravillosamente. Todo fue desapareciendo según la “gloriosa” revolución se consolidaba en su poder dictatorial. Pero ahora, al leer el libro de Lupi, estoy convencido de que como se dice en mi Cuba: no hay aguacero que no escampe y, todo vuelve a ser como era, aunque ahora con mucho más fuerza que antes el 1959.
Hay un párrafo del libro que me impresionó enormemente:
“Yo también lo sé, en la Cuba del periodo especial se vende de todo. Se comercia hasta con los cadáveres y un sepulturero tiene un puesto de trabajo de oro gracias a todos los santeros que circulan… ES cierto que en los cementerios importantes como el de Colón en La Habana, es difícil comprar parte de los restos humanos, pero en los de Guanabacoa, Regla y la Lisa, todo es más simple. Basta un amigo en el cementerio y algunos fulas para convencer a la persona indicada y todo se resuelve.”
A mi padre le hubiera gustado leer este libro del escritor italiano, él rezaba cada noche antes de ir a dormir frente a una imagen de Santa Bárbara, cuya copa de cristal rojo siempre contenía agua. Él llevaba siempre consigo un resguardo que le había ofrecido su hermana Amelia desde que en 1959 se salvó por milagro de ser fusilado no obstante las falsas e infames acusaciones de mi tía materna Felicidad y su hija Lulo.
Sólo lamento algunas generalizaciones por parte del autor, que pueden alimentar el estereotipo del ciudadano cubano de hoy día, como las que te traduzco a continuación:
“Debemos decir entonces que la santería es hija de la tradición negra cubana y como hoy día cada cubano tiene un poco de sangre negra en las venas (el que no tiene de congo tiene de carabalí, dice el proverbio), la santería expresa la identidad del pueblo cubano”. (Página 7)
“Después de un viaje por los misterios de la santería, me voy, como siempre, con mucha nostalgia. Una religión que hace comprender como un cubano afronta las cosas espirituales. En compañía de bellas mujeres y de botellas de ron. Entre tabacos, música y toque de tambores. Porque los cubanos son como los orishas que veneran. Borrachones, mentirosos, violentos, traidores, llenos de defectos. Pero simpáticos”. (Página 157)
Te lo enviaré por la misma vía que suelo hacerlo, para que lo prestes a los amigos que dominan la legua de Dante.
Te quiere siempre,
Félix José Hernández.
Cuba magica. Conversazione con un santero.
Gordiano Lupi.
Gruppo Ugo Mursia Editore S.p.A. Milano. Italia.
Portada del libro: Daniele Laus
161 páginas.
14,30 euros.
ISBN: 88-425-3161-8
El Monte.
Lydia Cabrera.
(Notas sobre las religiones, la magia, las supersticiones y el folklore de los negros criollos y el pueblo de Cuba).
Colección del Chicherekú
564 páginas.
Ediciones Universal.
Miami, Florida.
Library of Congress Catalg Card N°. : 75-26416
ISBN: 0-89729-09-7
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