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Julio San Francisco: Su poesía cubana del exilio y su periodismo independiente
2003-3-4
Paola Villalobos.

 

INTRODUCCIÓN
 Cuando conocí en Madrid a Julio San Francisco y su vida intensa y azarosa me di cuenta de que es aquel poeta raro del que siempre habíamos tenido la imagen, pero nunca habíamos podido verle frente a frente, al que nos gustaría acreditarle toda la poesía del mundo. En este caso él es el poeta que fue desterrado por hacer periodismo independiente, porque buscaba la plena libertad de la palabra. Por eso constituye una mezcla del espíritu romántico que necesita el poeta y del pragmatismo que necesita el periodista.
 Ya en 1996 –tal vez de todas formas tarde pues el poeta que nos ocupa escribe desde 1978- Isidoro Núñez Miró, una de las voces más importantes de la Generación del ’50 cubana, refiriéndose a la poesía de Julio San Francisco escribió, “... y la penetrante sagacidad crítica en juego irónico de erudito refinamiento imaginando imágenes...”
 Tan pocas palabras que tanto dicen fueron sin embargo pasadas por alto por editores, críticos y lectores tal vez porque Julio San Francisco había decido no integrarse al medio literario en su país con todo lo que esto significa –no existir en libro, ha dicho él, y por tanto no existir.
 Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, sin duda de probado rigor intelectual, había utilizado un poco antes como exergo de un artículo suyo un texto que Julio San Francisco había titulado Credo y que citaré más adelante.
Helio Orobio, más conocido por musicólogo que por poeta, también lo había calificado en el suplemento cultural de Tribuna de La Habana que dirigía Raúl Rivero en la segunda mitad de los ’80 como un poeta singular, pero tampoco nadie hizo caso de esta leve señal.
 El poeta tendría que pasar una verdadera odisea en su lucha por la libertad de prensa, ser cofundador de Habana Press y uno de los fundadores del Movimiento Cubano de Periodismo Libre y finalmente caer en el exilio para años después de su destierro forzoso ver salir a la luz en España el primer libro de su vida: “Todo mi corazón y otros agravantes (poemas escritos en La Habana y Madrid)” que ha sido puesto a la venta por Ediciones, Librería y Distribuidora Universal, Miami, y La Tienda de Cubanet, www.cubanet.org
 No creo que a corto plazo tampoco este peculiarísimo poemario transforme nada en el medio literario cubano ni de dentro ni de fuera de Cuba. El autor acaba de pasarme un email en el cual me dice “... no te precupes, Paola, no tengo que temerle a la fama, no me conocen ni los organizadores de la feria del libro de Miami por lo que han podido ahorrarse una invitación y librarse de mi presencia”. Los que conocemos al autor de “Todo mi corazón...” podemos rastrear la tristeza que hay detrás de esta frase de un hombre que a juzgar por el periodismo suyo que hay en Internet y las noticias que fue capaz de dar ¡desde Cuba! como periodista independiente podría parecer fuerte y duro cuando en realidad es sensible y tierno como un tallo de girasol, pero por si no me quedara claro remata “lo único que realmente me jode es que el medio literario del exilio no me incluya en la nómina de poetas fantasmas. Tal vez tenga que morir en este exilio si quiero que la historia tenga un final feliz. Tal vez tenga que morir para que la historia sirva”.
  
EL AUTOR
 Julio San Francisco nació en Matanzas en 1951. Es como le gusta escribir poeta, prosista y periodista. En “Todo mi corazón...”, en un folio que ha titulado “Asunto de fondo (génesis de un disidente)” tuvo el valor moral de poner  su pasado en blanco y negro, de escribir ‘...A lo largo de mi vida aquella vocación de justicia nunca más me ha proporcionado risa. En 1972 y, como militante de la Juventud Comunista, pasaba un curso emergente de sociología en la Universidad de La Habana, pero a mi equipo de estudio le pidieron que hiciera un trabajo de semestre y presentamos un investigación sobre el suicidio juvenil en la capital. Un profesor de filosofía, que era militante del Partido Comunista, mas me tenía afecto, me sugirió que estudiara otra cosa pues en Cuba no hacían falta sociólogos porque, dijo, ‘Fidel es el único que lo decide todo’ y, con mi actitud, me buscaría muchos problemas. Frustrado, perdí el curso. En 1973 empecé a estudiar y, simultáneamente, a dar clases de Historia de Cuba en el Instituto de Superación Educacional (ISE), de Sagua La Grande, pero me opuse a un fraude académico que cometió el secretario del núcleo del Partido, me hicieron la vida imposible y tuve que dejar el profesorado. En 1978 en el periódico de Isla de Pinos comencé a ejercer, y también a estudiar simultáneamente, el periodismo, pero en 1980 me opuse a los mítines de repudio contra los cubanos que habían decidido emigrar hacia Miami por el Mariel, me separaron del Partido Comunista de Cuba, me prohibieron continuar ejerciendo el periodismo y tuve que interrumpir los trámites de matrimonio con mi novia, la cantante mexicana Amparo Ochoa, porque no me daban el permiso de salida. ‘La historia del ciudadano Martínez no es la de un conflictivo o un problemático. Ha sido la de un desafecto y un contrarrevolucionario. Que levanten la mano los que estén a favor (de que se le separe del Partido. N. de la A.)’. De nada valieron mis alegaciones de que no estoy de acuerdo con esos mítines porque eso no es humano y si no es humano no es revolucionario y si no es revolucionario no estoy de acuerdo. Empecé a escribir los textos de lo que en 1987 sería la autoedición mimeografiada (200 ejemplares foliados, dedicados y distribuidos por mi en La Habana) de Acrobacia Roja (poemas contra el oportunismo), con prólogo de Reynaldo Escobar, que me ocasionaría el primer encuentro personal con la policía política...” En 1994 se le vería ya convertido en opositor con Leonel Morejón Almagro y otros reorganizando la organización ecologista NATURPAZ y en 1995 fundando Habana Press de la cual llegó a ser subdirector y por la que cubrió y reportó la caída en La Habana de octavillas lanzadas por Hermanos Al Rescate, la única reunión clandestina del Consejo Nacional Coordinador de Concilio Cubano, el juicio de su gestor, Leonel Morejón Almagro. En 1997 tendría que salir al destierro “ese lugar donde no se sabe nada / de hoy / de mañana / ni de ayer”. Julio San Francisco no perteneció nunca a ninguna institución oficial de escritores, no participó en ningún concurso auspiciado por el gobierno, no editó ningún libro en editoriales cubanas, no hizo vida literaria en su patria, por eso, como dice él, su hobby hoy es “coleccionar antologías del exilio donde no aparezco”.

LA OBRA
Aunque su amigo, el poeta José Yanes le dijo en 1986 “No vale la pena escribir para la gaveta”, Julio San Francisco siguió escribiendo y tiene hoy inéditos aún Los fieles difuntos apoyan y aplauden (cuentos satíricos, 1987), El pabellón de los romáticos perdidos (cuentos de familia, de amigos y de mujeres, 1988), Nada y otros cuentos del absurdo (1993), Habana Press (memorias de un periodista desterrado), (1997 – 2002) y 20 mil palabras de viaje substantivo (crónicas del mismo periodista desterrado) (1998 - ¿?). En el verano pasado salió en España su primer libro: “Todo mi corazón y otros agravantes...”
 Un simple golpe de vista basta para desde la cubierta empezar a descubrir la madurez intelectual y la solidez conceptual del poeta. Debajo del título que responde a una fórmula absolutamente funcional y actual puede observarse una poltrona desfocada de color sepia en cuyo respaldo cuelga una corbata amarilla y en cuyo brazero derecho aparece un cenicero, dos objetos imprescindibles al escritor que nos ocupa. La poltrona sepia y desfocada nos sugiere plantearnos la espera del exilio, lo indefinido hasta del presente ¿o será otra cosa?  El propio título del libro nos anuncia el baño humano que nos espera al sumergirnos en sus páginas (con ‘todo mi corazón’) y nos revela la heterodoxia del autor y su finura intelectual (con su bien logrado recurso de ‘y otros agravantes’). El poeta es un transgresor. ¿Vale?
 Cuando pasamos página nos encontramos unas dedicatorias que constituyen todo un edicto. En ellas aparece el primer credo del poeta: sus mayores afectos y las adicciones estético-ideológicas. Primero, la familia, después, los amigos, y finalmente “Todo mi corazón...” está dedicado a sus preferencias poético-cívicas, sus referentes funcionales, a Heberto Padilla, a León Felipe –un hombre de izquierda, pero que Julio San Francisco sabe que fue un exiliado, piedra como él-, a Boris Pasternak, el disidente ruso, a Octavio Paz, el siempre solidario con la causa de la Democracia en Cuba, y por último a sus más leídos, “César Vallejo que inventó un idioma dentro de nuestro idioma”, “Jorge Luis Borges que utilizó perfectamente el que tenía”. Como puede deducirse claramente, estos nombres en el frontispicio de la obra se erigen en un verdadero manifiesto literario y político. En la página 95 hay bajo el título ‘RECUERDOS RUTINARIOS POR SU AFECTO Y POR ORDEN DE APARICIÓN EN MI VIDA EN ESPAÑA’ una relación  de 31 nombres en los que puede encontrarse desde el dependiente afectuoso que lo atiende en un Foster,s Hollywood hasta una famosa presentadora de TeleMadrid. Estamos ante un hombre al que le interesan como ha dicho “muchísimo más los detalles de los afectos que los de las catedrales”.
 Obsérvase al entrar en el libro la prisa con que fue estructurado ante la posibilidad repentina de publicar y los textos comprimidos de quien está por primera vez ante esa posibilidad, cuenta con 96 folios y no está dispuesto a dejar fuera ningún texto que considere importante, pero este defecto afortunadamente sí tiene solución.
 El cuaderno está dividido en tres partes, El hombre que estaba en La Habana, con una foto borrosa de esa ciudad, El hombre que estaba en Madrid, con una nítida foto de la capital española, y El hombre que no estaba en ningún lugar, donde puede verse un cuadrado sin foto, todo gris. El diseño de cubierta y contracubierta es del propio poeta porque eso abarataba la edición. El libro se cierra con un epílogo sobre la situación pasada y actual de la Literatura Cubana titulado “La gran estafa y las letras cubanas” donde como le ha dicho el crítico y amigo José Antonio Évora se dicen más de cuatro verdades bien escritas. En esta parte desmonta con argumentos convincentes hasta para la opinión de la izquierda europea el mito de la existencia de la revolución cubana y otro que en éste tiene su origen: la tesis de que esa supuesta revolución lanzó al mundo la literatura cubana. Estamos ahora ante un texto que con su lucidez nos muestra una aguda mirada, nos explica cómo un poeta pudo ser, con las consecuencias que ninguno otro poeta fundador del Movimiento Cubano de Periodismo Libre ha afrontado, un emblemático cimentador de esa prensa libre en Cuba y que está presente en varias tesis de estudiantes de periodismo de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid hechas a partir de sus testimonios “como parte del trabajo de extensión y promoción patriótica en el exilio”. Este artículo refleja también la madurez intelectual del autor en tanto que luchador por esa libertad y acaso sea uno de los indicios de la función que acaso esté llamado a jugar en la Cuba de la transición hacia la Democracia pues él simplemente, “saldada la deuda con la poesía, pasa un master de transición en España para cuando tengamos que reconstruir Cuba soñada”.
 Esta división está concebida más bien como uno de los juegos, otro más del autor pues en la parte del hombre que estaba en La Habana pueden encontrarse poemas escritos en Madrid y en el hombre que estaba en Madrid pueden encontrarse poemas escritos en La Habana. Ya ese hombre nos advertirá en las palabras del autor “No he cedido a la tentación de intentar poner en un índice orden a la vida y a la poesía”. El exergo no podía ilustrarnos más acerca del valor ético de la poesía o de su poesía: “¡Oh, patria, cuánto me cuestas!” de la ópera Aída vista por el autor en el Teatro Real de Madrid o sea ya exiliado.
 El primer poema está dedicado a un escritor de la Generación Inédita –el autor tomará a fondo ésta como tema en el epílogo- y a partir de ahí comienza un homenaje a todos los que integran la nómina de los inéditos por razones ideológicas que a la vez son amigos suyos.
 Desde estos primeros textos nos deja dicho por el tratamiento de las formas que le interesan igualmente las abiertas o libres:
“cuando suponemos que se acabaron / todas las preguntas / nos preguntamos / ¿no habrá más preguntas / sobre el bosque? / Y después de tanto hablar / del bosque, / ¿qué será el bosque?”
y las cerradas o rimadas:
“Se aleja. / Me deja / mi río / la queja / ya vieja. / No es mío.”
 El poeta enseguida establece de la misma manera, poéticamente, su concepto de lo poético. Después del anterior texto de corte filosófico si se quiere titulado Divertimiento,  nos ofrece Yo y mis cucarachas. Según le oí en una lectura suya a la cual asistí en la taberna Grándola de Lavapiés una noche en otra taberna, pero de La Habana se encontraba con sus amigos los también poetas Enrique Patterson, Oscar Kessel, Pedro Fowler, Rodolfo de La Fuente, Ernesto Canteli; los periodistas Reynaldo Escobar y José Antonio Évora; el cineasta Francisco Puñal; y el dramaturgo Alberto Pedro.  Hablaban de la poesía y lo poetizable, de los temas y las formas. Esa noche al llegar a su casa escribió un poema donde convierte a las cucarachas en seres adorables, las humaniza (el poeta Enrique Patterson al siguiente día le mostró sus primeros 12 sonetos escritos de un tirón cuyos originales Julio San Francisco conserva en su Habana distante y cercana) :
“Cucarachonas / no son malas / si se posan en las rosas / o se meten en las fosas / y tampoco las veo malas / si no se posan / si no se meten / en nada. (...) Yo las quiero, cucarachas / si no viven en mansiones / ni ostentan en recepciones / ni pasan las vacaciones / en especiales covachas / si son sencillas y sinceras / como deben ser / las cucarachas verdaderas”.
 Pero este no es un poema simplemente bueno y raro. En él el poeta nos expresa su mentalidad flexible, su espíritu tolerante, la libertad: él no ve malas a las cucarachas si se posan en las rosas o se meten en las fosas, pero tampoco las ve malas si no se posan ni se meten en nada. Obsérvese cuidadosamente el recurso que ha utilizado para revelarnos algo tan importante de su personalidad heterodoxa y democrática. Es que él pretende, y hasta podría adivinarse si no lo dijera, ofrecer una poesía donde lo intelectivo y emotivo tengan el mismo rango. Y el lector empieza a sentirse inseguro de si ha logrado recepcionar todo lo que ha salido de hombre que está detrás del poema que termina.
 Se mueve con destreza durante los 96 folios de este libro de lo coloquial a lo metafórico siempre al tiempo que nos entrega poemas satíricos, dramáticos y eróticos tan bien llevados por el camino que elija que parece como si existieran tres poetas distintos donde en realidad hay uno solo bueno.
 La décima o espínela, forma tan española y tan cubana, y el soneto, igualmente español y cubano, las cultiva en la misma jerarquía estética. El hombre se nos sigue mostrando acto seguido en una décima: “Si te entregas sin enveses / sin datos, sin cuentecitas / te comen tus margaritas / ya te lo he dicho otras veces” . Y de una forma tan sencilla y coloquial hace a la vez una importante advertencia en tanto que como poeta que cree cumplir una misión alerta, enseña.
 En varias piezas rinde homenaje, buen homenaje, al soneto. “Puedo darme el lujo, dice, de no haberle dado la mano a Góngora, pero no puedo darme el de no conocer su poesía y dominar esta forma que con tanta maestría cultivó el gran español. Opino, continúa, que todo poeta, para serlo y aunque no lo use, debe saber tocar ese complejo instrumento llamado soneto”. He aquí un fragmento de muestra de uno bellísimo del cubano donde el lenguaje no es ya coloquial sino complejamente metafórico y que tituló dándonos uno más de sus abundantes y constantes juegos poéticos:
“DE CUANDO YO FUI POETA DE VERSOS LIBRE EN MADRID, PERO ESCRITO EN LA HABANA / (...) yo pudiera morir de algún sinsonte / que se pose en las astas de mi ciervo / como estigma que frustre mi ternura / y pudiera morir de mi horizonte / donde chocan los dioses con un cuervo / (...)”.
  De cuando yo fui poeta de versos libres en Madrid, pero escrito en La Habana (poema bien cuadrao aunque puede ser redondo) tiene un asterisco que nos lleva a leer a pie de página: “En el índice no se pudo incluir este subtítulo porque fue añadido después de revisadas las últimas pruebas. Me pareció importante, sin embargo, considerarlo porque he oído mucho el criterio estético de ‘ese poema te quedó redondo’ o ‘ese poema está cuadrao’ y me siento en condiciones de hacerlo tanto de una forma como de la otra, autosufiencias aparte. Si se pone a doble espacio, también puede ser rectangular”. Se trata de un bello soneto que desde luego forma una imagen cuadrada en la página.
 Sin perder espacio ni tiempo en dos folios arremete contra el que considera uno de los defectos humanos más detestables, el oportunismo del cual el comunismo es caldo de cultivo, pero lo hace cambiando el registro, mostrándonos una nueva cuerda esta vez irónica, satírica, a través de unos poemas de su “tan problemático samizdat Acrobacia Roja editado en La Habana”:
“El daño que genera un oportunista / Minuto a minuto, / Placer a placer, / Golpe a golpe, / Es directamente proporcional / Al cargo que ocupa / Multiplicado por la altura escalada: / A menos altura, menos daño; / A más altura, más daño. / La matemática es la matemática”. El poema que más irritó en 1987 a la policía política porque –le dijeron al poeta- “apuntaba para arriba, para el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, para el compañero Fidel”, ha dicho ya Julio San Francisco.
 En este mismo fragmento por cierto el autor ofrece una “variación” de la décima, una decimilla, como él la ha denominado, pentasílaba asonante:
 “PREGÓN EX – CATEDRA / Sin fantasía / Está muy seria / Mi guayabera, / Esta muy rígida / Y comedida, / Parece muda. / Quiere sus frutas / Con mil pregones / Sin tanto molde. / Pide locura.” Nos ofrece en fin un sutil y fino llamado a la libertad, al respeto a la idiosincrasia cubana en medio del conservadurismo y la rigidez totalitarios.
 Muestra sin mucha demora como ya alguien ha escrito, su desenfado sexual en varios poemas en distintos niveles de erotismo entre los que citaré este no porque sea el mejor, porque es el más breve:
“ERÓTICA / Mi sexo es todopoderoso / Si tú le das el poder / Si no / Es un común / Sexo de hombre”.
 En “Todo mi corazón...”, como he dicho en otro momento el creador salda todas sus ‘deudas afectivas’. Hay cuatro poemas dedicados también a cuatro de sus amores, la cantante folclorista mexicana Amparo Ochoa con quien inició trámites de matrimonio en 1982 y con quien no pudo casarse porque el gobierno cubano le negó el permiso de salida hacia México, a Teresa Reyes, su primera esposa, a Deborah Nofret, la esposa de quien se divorció antes de iniciar su lucha por la libertad de prensa en Cuba, y a Helena Aguirrebengoa, su expareja en Madrid.
 La segunda parte del libro se abre con unas palabras del autor firmadas en Madrid en el otoño de 1997 al llegar a este pedazo de la fría Europa desterrado en la que asegura con los pies una vez más como tantas puestos en la realidad:
“No quiero decir –ni digo- que la realidad para los poetas y la poesía pase a ser paradisíaca en algún lugar y a alguna hora. Probablemente siempre sea como ha sido. Angostísimo camino para algunos, angosto para otros, bueno para malos poetas, malo para buenos poetas, bueno para buenos poetas, malo para malos poetas. Para el grupo X ni bueno ni malo, en vida, y, finalmente, tal vez, de ese grupo, los buenos, o la obra de los buenos, reciba su camino. Hay que sentir el verso, después escribirlo, después proclamarlo, después defenderlo hasta el estertor final. Quizá esto no sea ni justo, ni injusto. Quizás es tan simple como que el mundo es ansí”.
 En esta parte justamente es en la que tras el poema La cabrona costumbre de estar vivo Julio San Francisco incluye en mi opinión muy bien justificado el capítulo de su novela inédita Habana Press (memorias de un periodista desterrado) y titulado La reunión clandestina de Concilio Cubano en la cual participó con su amigo Leonel Morejón Almagro, líder de aquel hecho histórico cubano de la segunda mitad de los ’90 en la lucha por la Democracia en Cuba y que el autor reportó para emisoras de Estados Unidos. Los indicios que teníamos desde las primeras páginas acerca de que estaríamos ante un libro sui géneris de poesía, pero a la vez autobiográfico y testimonial en verso y en prosa, un libro poético y político, empiezan a confirmarse.
 En la página 49 el poeta entrega otra broma, obra como todas las suyas  de su fino sentido del humor del que hay más de una exposición en esta galería. Aparece la letra de una habanera titulada Amor Habana-Madrid y como nota al pie “Este texto ha sido incluido por error en esta selección. Pertenece al cuaderno Baladas y boleros (...). (N. del A.)”.
 Es en esta segunda parte, la titulada El hombre que estaba en Madrid, donde aparecen los poemas más desoladores, más impresionantemente fuertes, los que ha escrito el poeta desterrado y teniendo como tema ese destierro. La cantidad y la calidad de estos textos bastarían para considerar a Julio San Francisco el poeta del destierro cubano como León Felipe, uno de los poetas a los que dedica “Todo mi corazón...”, es considerado por esta misma razón el Poeta del Éxodo Español o, al menos, para considerarlo uno de los importantes e imprescindibles poetas cantores o tañidores del exilio o el destierro cubano. La poderosa expresividad de los textos a los que aludo, sus cualidades formales y la experiencia de más de dos millones de cubanos durante 44 años que con tanta universalidad nos deja escrita no dejan nada que envidiarle al gran bardo español. Entre ellos destacan Pregonero del silencio en la España de los pregones, La tierra árida del exilio, El pasar de mi casa frente a mi, Camino de la Gloria y el Infierno, Increpaciones sobre la tumba (del poeta desconocido), Añoranza y lamento desde la vieja mecedora, Tarde que estaba buena para tener un pan, La perra que me saluda todas las mañanas, La insoportable levedad del ser pensante –este dedicado, claro, a Milán Kundera-, El gesto del solo optimista, Noche oscura de cada día, Sinopsis de una película donde hago el papel secundario de ahogado junto a la orilla ansiada ante la presencia de cristianos indiferentes...
 En fin una dramática colección en la cual el autor hace gala constantemente de su buen dominio del género –la poesía- y de las formas métricas españolas, de su ironía inteligente, oportuna y descongestionadora cuando considera necesario utilizarla desde luego. Cualquiera de ellos podría aparecer en la antología más académica y por tanto rigurosa sin embargo el que cierra esta sección, Destino Destierro (angustia en 5 poemas y una esperanza aparte) sí tendrá que estar a partir de ahora que se conoce o puede localizarse en internet en toda antología de poesía cubana –y hasta hispano americana y española- que se respete y pretenda reflejar el exilio, cualquier exilio o simplemente contar con un poema ya imprescindible de la Lengua Española. Empezamos a recordar entonces en otra ladera, pero de la misma montana, al Himno del Desterrado, de José María Heredia. Nos viene a la memoria también Gertrudis Gómez de Avellaneda.
 Este discurso poético que bien podría considerarse una sinfonía patética el poeta desterrado cubano lo inicia para subrayar la cubanía del hecho tratado exactamente con una décima que titula Al partir (poema 1-la despedida). Sigue con El desterrado (poema 2-la llegada). Esta parte con la siguiente dedicatoria ya toda una declaración en múltiples sentidos: “Para José María Heredia, José Martí, Agustín Acosta, José Ángel Buesa, Gastón Baquero, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Heberto Padilla..., para León Felipe, piedra como yo. Para los cubanos del exilio, que son más de dos millones durante más de 40 años”. El ruedo (poema 3-la estancia). En esta parte el poeta se sitúa en el lugar del toro de lidia que sale a la Plaza Monumental Las Ventas, de Madrid: “El toro yo que habrá salido / furioso, desorientado, fiero / sin saber a dónde llegó ni qué le espera / (...)”, pero, simultáneamente, ese hombre-toro-poeta-desterrado-cubano hace un uso exquisito, elegante, admirable, del argot taurino que en sus años de existencia en la capital mundial de los toros ha llegado a conocer bastante. Testamento (poema 4-la despedida). En esta parte hay un regodeo, con abundantes pinceladas de ironía y no menos abundante dramatismo, en torno a la posible muerte del desterrado, que es él o su compatriota, lo que lo movió, lo que siente, lo que deja. Credo (poema 5-epitafio para José María Heredia). Dejaré que esta joya literaria, humanística y ética se exprese por si sola: “Lucho / porque sé / que algún día / el más grande crimen / será pisar una flor”. La Emperatriz de Lavapiés (y la esperanza aparte). Este es el final del largo poema en cinco partes y curiosamente, aunque no sorprendentemente el poeta solo fija su esperanza en el amor a la mujer, tal vez en la posibilidad de tener una familia cercana y termina su cantata o su drama en cinco actos, seguidos con una magistralmente llevada línea dramática, con un soneto de amor que concluye con estos ejemplares tercetos:
“La que se sabe singular y elegante.
  La que florece y perfuma, o teme y duda.
  La que es ama posible de mi sexo y casa.
  La que juega –gana o pierde- a ser amante.
  La que durante el orgasmo truena y suda.
  La que existe, la que viene, la que pasa”.
   Pero en buena regla el poema Destino Destierro –este poema le da título a la colección de sus poemas del destierro- tampoco termina aquí. Julio San Francisco le pone un asterisco al soneto y agrega una crónica periodística titulada La Emperatriz de Lavapiés: historia de un poema solo, en la cual revela una vez más su gran altura también como periodista, altura que quedará demostrada cuando se publique su gran reportaje sobre el movimiento cubano de periodismo libre, su novela Habana Press (memorias de un periodista desterrado) que posiblemente sea llevada al cine.
 Una crónica que comienza: “Era yo un niño de cinco o seis años en la época en que se oía en La Habana un chotís cuya letra más o menos decía ‘Cuando vayas a Madrid chulona mía / voy a hacerte emperatriz de Lavapiés / y alfombrarte con claveles la Gran Vía / y a bañarte con vinillo de Jeréz’. Lavapiés era una ficción”.
 Una crónica que termina: “Quedé nuevamente solo en este barrio, tal vez el más nocturnal, cosmopolita y popular de Madrid, Lavapiés, que aquella noche había pasado a ser una contundente realidad cuando el niño que lo evocaba en La Habana cuarenta años atrás a través de un chotís había pasado a ser la ficción”.
 Creo haber leído si no todos, sí la mayoría de los poemas escritos sobre el exilio cubano y no recuerdo ninguno que tan ejemplar y abarcadoramente refleje la tragedia de los más de dos millones de cubanos durante más de cuarenta años a quienes se lo dedica el poeta por eso digo que hoy ya en cualquier antología de poesía cubana la falta de éste sería una omisión notable, una carencia imperdonable. Destino Destierro, como el Desterrado, de Heredia, sólo bastaría para inmortalizar a este hasta este momento desconocido poeta cubano aunque viniera sufriendo una larga ineditez, como dice él, desde hace 24 años, los que ha andado viviendo y escribiendo.
  Dice en las palabras introductorias del autor “Todo mi corazón y otros agravantes es una selección de varios cuadernos inéditos escritos durante 24 años. Aquí hay poemas (lo diré citando a otro largo exiliado) escritos “...antes del exilio” y “...durante el exilio”. Podrán encontrar antigüedades del cuaderno Tengo que estar enamorado (1982), textos eróticos de Así en la cama como en el cielo (1990) y recientes hallazgos de De cuando yo fui poeta de versos libres en Madrid (1997-2002). No he podido incluir muchos poemas de mi tan problemático samizdat en La Habana Acrobacia Roja (poemas contra el oportunismo) (1982-1987) porque no me ha sido posible sacarlo de Cuba con la seguridad de no perderlo en el intento. Todavía guardo la ilusión salvavidas de tener la oportunidad de escribir algún día los poemas de “después del exilio”, si es que ese después también existe para mi. El peso del destierro poetizado aquí es el que cayó sobre mis hombros, pero es, a la vez, el de más de dos millones de cubanos durante 43 años”.
 Él domina como todo poeta conocedor de la necesidad de dominar los instrumentos de su oficio, estas formas métricas tanto que puede darse el lujo –y se lo da- de ignorarlas intencionalmente, de trasgredirlas siempre que quede claro que él simplemente, como en toda su vida, ha decidido ir a su aire en este o aquel poema. Solo erró en dos poemas en los cuales pretendió enajenar el lenguaje, como felizmente hace en su libro Nada y otros cuentos del absurdo, con el propósito de trasmitir lo que he llamado a propósito de tales cuentos ‘la sensación reforzada’ y el lector no avisado ni avezado no logra entenderlo. Lo que podría ser sublime cruza este delicado sendero y no lo lleva a ningún lugar, el experimento fallido de unos cuantos folios de este magnífico libro.
 Todo mi corazón y otros agravantes... desde el punto de vista de contenido y forma es una expresión cruzada de ingeniosidad y bondad sobre un fondo de humanismo, amor a la libertad “y canto a la entrega y a los seres con la honestidad posible” o a lo que llamo la consagración del sentido de la vida pasando por el querer a la familia, a los amigos y a la patria, un libro realmente reconfortable tanto para quienes están libres fuera de Cuba como para los que sufren la tiranía en su patria, un texto único en el cual el poeta deja claro que en este vida hay que ser bueno y listo, en el buen sentido.
 Los sólo 96 folios de Todo mi corazón y otros agravantes (poemas escritos en La Habana y Madrid) han de servir para que los editores, antologuistas y lectores interesados en la poesía en Lengua Española se enteren de que no pueden dejar de leer esta obra de este autor o al menos para que sepamos que Julio San Francisco con una obra tan peculiar como su personalidad está por derecho propio entre los grandes poetas cubanos de todos los tiempos, o más, entre los grandes poetas de su lengua, la de Miguel de Cervantes y José Martí.
 







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