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Que no cunda el pánico
2007-12-6
José Luis Belmar.
Periodista, escritor y publirrelacionista

 

 

Las falacias del calentamiento global

Los apologistas del calentamiento global alentados por el anti calentamiento global número uno en el mundo Al Gore y los periodistas panegiristas de éste, tanto en Suecia como en otros países en el mundo; pero, principalmente en Suecia, encubiertos por la sombrilla de los Dagens Nyheter, Expressen y otros diarios alarmistas, continúan dale y dale con el mito de que nos vamos a asar y que los osos polares van a desaparecer.

Sin embargo, con tantito de sentido común, que sin lugar a dudas en Suecia continúa siendo el menos común de los sentidos y siguiendo un pequeño pero rico análisis hecho por gente pensante, vamos a destrozar los mitos ecologistas sobre el calentamiento global.

Empezaremos con eso de que nuestro planeta está sufriendo un calentamiento. Mediciones exactas y representativas de la temperatura hechas por satélites y globos aerostáticos muestran que nuestro planeta se ha enfriado significativamente en los dos o tres últimos años y que ha perdido en únicamente 18 meses, 18 por ciento del calentamiento que se asegura tomó 100 años en ocurrir; calentamiento que fue de únicamente 0.7 grados Celsius y que las lecturas forman parte de un sistemático error de las estaciones terrestres que son infladas debido al llamado efecto de calentamiento urbano.

El segundo mito es ese de que un ligero aumento en la temperatura de la tierra sería desastroso; que las capas de hielo desaparecerán y que la gente perecerá. Eso no es cierto... no es cierto.

Tomemos como ejemplo Gran Bretaña, donde cada invierno benigno salva al menos unas veinte mil muertes relacionadas con el frío y siguiendo hacia el norte de Europa, los inviernos benignos salvan cientos de miles de vidas cada año. Partes de capas de hielo se disuelven pero otras partes crecen y eso no es reportado por los Goristas. Simplemente hagan un experimento casero: en un vaso con agua pongan uno o varios cubos de hielo y verán cómo cuando éste se disuelve el nivel en el vaso ha descendido. Datos recolectados de muestras del núcleo de glaciares muestra que en el pasado, las temperaturas se han elevado 10 veces más que la actual y después han vuelto a descender en el espacio de la vida de un ser humano.

Que el nivel de dióxido de carbono es tan alto en la actualidad que no tiene precedente, tampoco es cierto. Los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, actualmente unas 350 partes por un millón, han sido unas 18 veces más altos en el pasado, cuando no existían ni automóviles, fábricas y plantas de energía. Los niveles subieron y bajaron sin la ayuda del ser humano.

También se nos acusa (de nada, Karin Bojs, del Dagens Nyheter) de que bombeamos dióxido de carbono en cantidades prodigiosas sin haber estudiado que 95% de las emisiones de éste proviene de fuentes naturales y que la humanidad es responsable de únicamente 3.5%, con 0.6% que viene de la gasolina que mueve vehículos y cerca de 1% del combustible para calentar edificios. Sin embargo, en Gran Bretaña la gasolina tiene 300% de impuesto y el combustible para calentar edificios solamente 5% de impuesto, a pesar de que los edificios emiten casi el doble de dióxido de carbono.

¿Y qué dice el mito número cinco de los Goristas? Pues que los cambios en el dióxido de carbono en la atmósfera provocan cambios en la temperatura de la Tierra.  ¡Me doy!

Un informe en la revista “Science” de enero de este año que ya se nos va, muestra, usando información de los núcleos de glaciares tomada con resolución de alta velocidad, que desde la pasada edad de hielo, cada vez que la temperatura y los niveles de Dióxido de Carbono han cambiado, el cambio del dióxido ocurrió DESPUÉS del cambio de la temperatura, así es que la teoría de calentamiento global provocado por la mano del hombre cae por sí sola pues ha puesto el EFECTO antes que la CAUSA, así es que para darles un repaso a los Goristas, les diremos que el vapor de agua y el metano son más poderosos gases de invernadero que el Dióxido de Carbono, pero prefieren callar, no sea que le quiten el Nobel al Al Gore de marras.

Nuestro planeta no necesita que usemos menos nuestros automóviles; pero, suponiendo que lo hagamos, eliminando vehículos de todos los caminos en todo el mundo de la noche a la mañana, no produciría ningún cambio en el nivel de Dióxido de Carbono de la atmósfera, por lo que no tendría sentido tratar de alterar el clima cambiando los niveles del Dióxido de Carbono, ya que la causa y el efecto es en sentido contrario. Son los cambios en la actividad solar la que provoca los cambios de la temperatura en la Tierra, con cualquier aumento en ésta removiendo gases del Dióxido de Carbono de los océanos.

Un mito más es el que asegura que el reciente tiempo húmedo y las inundaciones fueron provocados por la humanidad a través del “calentamiento global”. Vaya, vaya, vaya.

El clima extremo tiene correlación con el ciclo de actividad solar, n o con elecciones políticas o emisiones de dióxido de carbono. Las pesadas lluvias en el invierno pasado, en la primavera y en el verano son un perfecto ejemplo de esto, pues ocurren cuando la intensidad del sol está en su máximo y este patrón pudiese repetirse cada 11 años hasta más o menos el 2045.

Eso de que los impuestos para evitar el congestionamiento de automóviles, altas tarifas en estacionamientos, etc, etc, son impuestos justificables para proteger el medio ambiente, es otra de las falacias que han propagado los lacayos de Al Gore enclaustrados en una organización “científica” que bajo la sombrilla de Naciones Unidas insiste en que hay “consenso” sobre todas las mentiras que propagan sobre el calentamiento global, cuando es bien sabido que en ciencia no hay consenso alguno.

Al igual que las emisiones de dióxido de carbono de vehículos y fábricas no tienen un impacto mensurable sobre el clima, los impuestos son simplemente otros impuestos sobre empresas y movilidad y no tienen credenciales de color verde.

Ya que hemos mencionado a la organización “científica” de la ONU, que bajo el nombre de Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), debemos mencionar que ésta insiste en que el “calentamiento global” es real y que debemos hacer algo al respecto.

Sin embargo, hay que dejar bien claro que los científicos de este organismo producen informes para el mismo, pero que el organismo está compuesto por burócratas nombrados por los gobiernos y que de hecho, muchos de los científicos que contribuyeron en estos informes, no están de acuerdo con el giro que éste y los medios de comunicación de masas le han dado a sus hallazgos.

El más reciente informe sugiere que los próximos 100 años podrían ver un cambio en la temperatura de 6 grados Celsius; sin embargo, uno de los principales autores del informe, Dr. John Christy, de la Universidad de Alabama y de la NASA, ha señalado que los escenarios con evaluaciones más rápidas de calentamiento fueron agregados al informe a última hora, a pedimento de varios gobiernos; en otras palabras, los políticos le dijeron a los científicos lo que debían hacer.

Por último, eso de que únicamente son unos cuantos científicos inconformistas los que están en contra de la teoría del calentamiento global hecho por la mano del hombre, es una soberana mentira.

Existen cerca de 18.000 firmas de científicos de todo en mundo estampadas en un documento llamado La Demanda de Oregon (The Oregon Petition) que dice que no hay evidencia que sostenga la teoría del calentamiento global hecho por la mano del hombre ni de las actividades humanas sobre el clima.

Muchos científicos consideran que el acuerdo de Kyoto es un desperdicio total de tiempo y uno de los mayores fraudes políticos jamás perpetrados contra el público. Y como dijo Henry Louis Mencken, el periodista y crítico literario estadounidense, estadounidense, “el objetivo fundamental de la política práctica es mantener al populacho alarmado y, por lo tanto, alardeando clamorosamente de conducirlo a la seguridad, amenazándolo con una serie interminable de grotescas criaturas sobrenaturales, todas ellas sacadas de su calenturienta imaginación.  El deseo de salvar al mundo usualmente está frente al deseo de controlarlo”.

Únicamente los tontos, los ciegos y los retrasados mentales, no ven que el deseo de salvar al mundo de los líderes tipo Angela Merkel, Fredrik Reinfeldt y otros Goristas de hueso colorado, no es mas que un deseo de controlarlo a como de lugar y Al Gore les ha dado el arma de la mentira a utilizar y mientras más se repita, más retrasados mentales se van a ir con el engaño

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